Aquella noche, Rosa esperaba triunfar en Eurovisión, y Otilia esperaba verla. Sin embargo, cuando llegó a su casa, después de un día de excursión, la televisión no estaba. La habían desvalijado por completo. Aceite, detergente, latas de conserva, aceitunas y hasta el cola-cao. Se llevaron todo lo que había en la despensa. Pero no se conformaron con eso. Revolvieron en todos los cajones, los armarios e incluso las camas, posiblemente en busca de dinero o joyas, y finalmente encontraron un broche y una pulsera de oro que la propietaria guardaba en un joyero. Pero lo que más le ha dolido es que se hayan llevado su televisor, «porque era un regalo», y el sofá, porque también lo robaron. «O resto xa llo perdono», dice con resignación esta vecina de Berdillo. Ahora que los días han pasado se pregunta cómo fue capaz de entrar sola en la casa, y asegura que todavía tiene miedo. «Conforme entrei na cociña vin o que fixeran, porque estaban tódalas portas abertas». Por suerte, «non romperon nada». Aunque lo cree difícil, Otilia sólo pide que le devuelvan la tele, el sofá y, con ellos, todos sus recuerdos.