Laxe, patria querida

DIANA ARAÚJO CARBALLO

CARBALLO

CASAL

Tres emigrantes del municipio regresan a su tierra después de toda una vida en Argentina La historia contemporánea de Galicia en general, y de la Costa da Morte en particular, es la historia de la emigración. La de toda esa gente que tuvo que abandonar su hogar, su tierra y a su familia, huyendo de la pobreza y con la confianza de encontrar un futuro mejor. Concepción, María Alcina y Eliseo pertenecen al grupo de los que decidieron cruzar el Atlántico y poner rumbo a Argentina. Ellas son de Soesto y él de Serantes, parroquias del municipio de Laxe, y aunque llevan muchos años en América _en realidad toda una vida_ siempre guardarán para su patria un lugar privilegiado en sus corazones.

14 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Concepción emigró hace 52 años, pero desde entonces ha vuelto a Galicia en varias ocasiones. Está casada con un argentino y tiene su vida al otro lado del charco, pero eso no impide que regrese siempre que tiene ocasión. «Cada vez que vengo esto está más bonito y lo único que pido es que las cosas no cambien si no es a mejor», explica. El caso de María Alcina y Eliseo es diferente, ya que es la primera vez que pisan suelo gallego en 44 años él y en 42 ella. «Éramos novios, así que me mandó un poder notarial y nos casamos. Mi marido se fue primero, porque su padre era de Argentina, y allá nos marchamos, con las manos vacías y las valijas llenas de ilusiones», cuenta Alcina. Trabajo Cuando llegaron, se encontraron con un país que abría sus puertas a los emigrantes y en el que todos y cada uno podían acceder a un puesto de trabajo, independientemente de su lugar de procedencia. Eliseo asegura que tan sólo tuvo que esperar cinco días para comenzar a ganar un sueldo. «Trabajé en un bar durante más o menos seis meses, después en una fábrica de pastas y ahora llevo ya treinta años como empleado del Banco de Galicia», relata. A él le queda menos de un año para retirarse y, a pesar de que reconoce que Argentina está atravesando una grave crisis económica, es uno de los pocos privilegiados que podrá vivir holgadamente de su pensión y plantearse la posibilidad de regresar definitivamente a su Serantes natal. Sobre todo ahora que el matrimonio puede ver lo que ha cambiado la situación en su pueblo. María Alcina asegura que va «de la alegría al llanto y del llanto a la alegría. Estoy impactada. Pienso en mis primos tal y como los dejé, en una extrema pobreza, y veo ahora sus casas y todo lo que tienen». Ahora, tanto el matrimonio como Concepción, su amiga de toda la vida, pueden disfrutar de todo aquello que se les negaba cuando se vieron obligados a tomar la determinación de emigar.