«El drama se ha instalado en buena parte de mis amigos. Este mes cierra por jubilación el Luarada de Ribeira y con él se despide su famoso bocadillo de jamón asado»
23 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.El drama se ha instalado en buena parte de mis amigos. Este mes cierra por jubilación el Luarada, en Ribeira, y con él se despide su famoso bocadillo de jamón asado. La noticia no les ha sentado nada bien. La han afrontado a duras penas, estoicamente, pero no descarto que alguno intente congelar un par de kilos antes del temido cierre.
Traté de consolarlos. Decirles lo que siempre se le suelta a la gente que vive un despecho: que ya habrá otros (bocadillos) que los llenen y que le hagan sentir (en las papilas gustativas) placeres que aún no han descubierto. No sirvió. Como al adolescente al que le sueltan por primera vez el manido «no eres tú, soy yo», me confesaron que jamás encontrarán otro igual.
En Cómo conocí a vuestra madre, hay un capítulo sublime en el que uno de los protagonistas, Marshall Eriksen, no logra superar un mal bache. No encuentra trabajo y está profundamente deprimido. Ve su vida desde el abismo de la desesperación y solo se acuerda de una cosa: la primera hamburguesa que comió cuando llegó a Nueva York. La encontró por casualidad, el local era un cuchitril y el cocinero parecía el primo venido a menos del guitarrista de ACDC. Pero jamás saboreó otra igual. A pesar de que en aquel momento estaba perdido en aquella inmensa ciudad, volvió a sentirse con vida. Resucitó. Cuando quiso regresar, no pudo; fue incapaz de encontrar la hamburguesería de nuevo.
Como solo hacen los amigos de verdad, le obligan a quitarse el pijama y lo ayudan a encontrar ese pedazo de carne, pan, queso y lechuga. Lo logran y mientras la saborea entiende que es la elegida, la única. ¿Pero qué importa más, el sabor, ese primer mordisco, el significado del momento o la gente con el que lo compartimos? Cada uno tendrá su respuesta. Confieso que aún me acuerdo del bocadillo de calamares del Refugio y del bocata 27 de Leiro. Por eso entiendo a mis amigos, de esas pérdidas todavía no me he recuperado.