Nadie se atreve con los bancos

José Vicente Domínguez
José Vicente Domínguez LATITUD 42°-34?, 8 N

RIBEIRA

Las quejas contra ciertas entidades bancarias se están sucediendo en diferentes lugares de Galicia. Casi todas ellas son coincidentes en considerar que los bancos van por libre, cerrando sucursales y haciendo lo que les peta. Y nuestros gobernantes (a todos los niveles), no hacen nada o casi nada. Se cumple la máxima de quien paga manda, con el apoyo de cargos políticos encaramados en las prebendas de ciertos consejos de administración, amén de dádivas para campañas, préstamos ventajosos y otras servidumbres.

¿Y qué pretenden hacer los concellos? Pues verán: decir amén y sí señor. Resulta que llegó a mi poder la proposición del PP de Ribeira acerca de cómo solucionar la falta de servicios bancarios. Y ¿saben?, no se trata de Una proposición indecente entre Robert Redford y Demi Moore en el aspecto sexual, sino en el menos placentero como es el servilismo claudicante. Pasen y vean: entre los varios asuntos de la proposición, merece especial atención uno de los párrafos del punto tercero: «Facilitar a prestación de servizos bancarios (…) en dependencias cedidas polas entidades locais». Y por si esto fuera poco, en el punto cuatro, se promueve la gran idea de que «a Xunta faga campañas informativas en materia de servizos financeiros aos consumidores galegos». Y tampoco tiene desperdicio esta otra gran idea del punto quinto: «O compromiso do Concello de Ribeira de impartir formación dixital que permita a utilización de servizos bancarios a distancia». Y también: «A través dun concurso público, facilitar a prestación do servizo de asistencia financeira(…) que proporcione aos habitantes do concello un servizo equivalente ao dunha oficina bancaria». Permítanme que no siga porque siento algo de náusea y vergüenza ajena.

Va a resultar que a los pobres bancos hay que cederle locales públicos para que ejerzan su actividad como si de Cáritas se tratase, además de formar digitalmente a los ignorantes clientes bancarios, con dinero de todos los contribuyentes, para que ayuden a engordar los beneficios de las entidades bancarias. El mundo del revés. O, como decía Atahualpa Yupanqui: «Las deudas son de nosotros, las vaquitas son ajenas».

Permítanme, políticos gobernantes y acompañantes varios, que les sugiera una acción a tomar: boicot. Aunque la palabra nos suene a chuletón, es una forma plenamente legal para luchar contra las arbitrariedades de cualquier ente comercial. Por si no lo saben y temen consecuencias jurídicas, el Tribunal de Derechos Humanos de Luxemburgo, lo confirmó en reciente sentencia del 2020. Y sin salir de Ribeira: en el inicio de la democracia en España, disfruté de la amistad de un buen alcalde del PP (entonces Alianza Popular) que amenazó a cierta entidad bancaria con hacerle un boicot si no mejoraba las condiciones de préstamo que solicitaba para su concello. Y la tal entidad, claudicó. Vaya si claudicó.