Los restos de criar rodaballos se utilizarán para engordar oreja de mar

El proyecto de policultivo ha sido desarrollado por el Clúster de Acuicultura


ribeira / la voz

El mundo de la acuicultura cambia a pasos agigantados. Empresas, organismos y entidades están continuamente investigando todo aquello relacionado con la cría de pescados y mariscos en cautividad. Hace años, un grupo de firmas españolas se unieron y pusieron en marcha el Centro Tecnológico del Clúster de la Acuicultura de Galicia (Cetga), que tiene un centro de investigación desde hace casi 20 años en Couso, en la localidad coruñesa de Ribeira. En sus instalaciones se dedican a trabajar con todo aquello relacionado con la mejora de la calidad y cría de sus productos acuícolas.

Estos días, los técnicos del centro han puesto fin a uno de sus proyectos estrella de los últimos años: Estudio y desarrollo industrial de sistemas de policultivo integrado de peces, macroalgas y macroherbívoros que permitan el aprovechamiento de los efluentes de instalaciones acuícolas (Poliaqua).

El responsable de la investigación, Pablo Riera Fernández, explica que los trabajos comenzaron el año pasado y finalizaron hace solo unos días, así como que están muy satisfechos con los resultados. El técnico indica que para llevar a cabo el programa se ha contado con la colaboración de la Fundación Biodiversidad y del Ministerio para la Transición Ecológica, a través del programa Pleamar, cofinanciado por el FEMP (Fondo Europeo Marítimo Pesquero).

Riera Fernández comenta que la investigación se centró en aprovechar los efluentes del rodaballo hasta convertirlo en alimento para orejas de mar: «Los rodaballos se crían en cautividad con agua que procede directamente del mar. Los fluidos pasan a unos tanques donde se engordan unas algas que, con anterioridad, han sido recogidas y seleccionadas en la costa ribeirense. Este material se utiliza a continuación para dar de comer a la oreja de mar», también conocida como abalón o peneira.

Resultados positivos

Las investigaciones y pruebas fueron largas -dado que había que estudiar paso a paso todo el proceso- y según el técnico, los «resultados han sido positivos».

Durante el desarrollo del proyecto, según Pablo Riera, se ha obtenido información de utilidad para el avance de la implantación a nivel industrial de un tipo de tecnología que persigue «conseguir un mejor aprovechamiento de los recursos, lo que tiene un efecto positivo sobre el medio ambiente y también sobre la industria acuícola española, ya que un incremento en la eficiencia supone una mejora en la competitividad».

El resultado del trabajo está a disposición de los empresarios, aunque es de reseñar que actualmente en Galicia ya no hay ninguna planta de engorde de oreja de mar, puesto que la única que existía, en Muros, dejó de producir este marisco hace más de un año.

Riera Fernández puso de manifiesto que este es un paso importante y muy positivo para la industria acuícola, pero es preciso «seguir investigando». Considera que parte del futuro de la cría de especies marinas en cautividad pasa precisamente por iniciativas similares, en las que se respete el medio ambiente, «esta es la tendencia que cuenta con el apoyo de la Unión Europea».

A pesar de los excelentes resultados, el responsable del trabajo destaca que es necesario seguir investigando en el engorde de la oreja de mar, un producto muy rentable y con elevada demanda en el mercado asiático, donde está considerado un auténtico manjar.

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