Marta, de Noia

Cristóbal Ramírez

NOIA

15 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Se llama Marta. Sus raíces están en Noia, conoce Santiago como la palma de la mano, echa de menos el caldo y la empanada, se crio entre esta parte de la península y la contraria, en Murcia. Y ahora es profesora en el magnífico colegio St. John’s, de Bishop Auckland, en el noreste de Inglaterra.

Marta es muy joven y al acabar la carrera ha hecho lo que hay que hacer: salir y viajar, aprender e incluso sufrir (el brexit, por ejemplo). Porque para las nuevas generaciones el salir resulta imprescindible. Mientras por Galicia adelante la emigración se ve como algo que fue necesario en otros tiempos para poder comer pero en absoluto deseable, en estos de globalización no resulta de recibo acabar la carrera en Santiago y quedar a vivir en Bertamiráns o Sigüeiro. Si luego, con el paso de los años, se quiere volver a este país de funcionarios, eso ya es otra cosa.

Marta, bajo la dirección de ese gran amigo de Galicia y del Camino Inglés que es el profesor Philip Robertson, se ha integrado en ese colegio privado que recibe la misma subvención pública por estudiante que cualquier otro. Un centro cuyos alumnos demuestran en las reválidas (en Gran Bretaña hay reválidas, claro, como en cualquier país civilizado; así se controla el nivel y el trabajo de los profesores) por qué está siempre en el podio, sea la asignatura que sea. La dirección de Lisa Bayron —encantadora mujer con mano de hierro en guante de seda— no parece ajena a ello.

Y ahí es donde está aprendiendo Marta, la chica de Noia. Que con esa experiencia tiene el futuro mucho más claro que si se hubiera quedado a vivir en tierras compostelanas aspirando a ser funcionaria. Esto no es grato de leer, pero es la realidad.