Por historia y por los tesoros que alberga en forma de laudas medievales, puede decirse del cementerio de Santa María A Nova que es el más emblemático de la comarca y, paradójicamente, es uno de los que tiene más vida. De ello da cuenta María José García, la encargada de que todo esté limpio y en orden en el camposanto noiés desde hace cerca de dos décadas. En vísperas de Difuntos, cuanto el trajín en la necrópolis se multiplica, explica que con el paso del tiempo uno se acostumbra a convivir con la muerte; al fin y al cabo «todos nacemos para morrer, é lei de vida».
Pese a esa verdad lapidaria, reconoce que los entierros todavía se le hacen cuesta arriba: «É difícil, todos somos veciños e coñecémonos... Pero o máis duro é cando é xente nova, ou nenos incluso, iso é o peor». Entre las funciones de María José está la de ayudar al sepulturero en los sepelios, y en el día a día se encarga de que todo esté limpio y el jardín bien cuidado. Asegura que, aunque al principio sí le imponía el hecho de trabajar en un cementerio, «pero acábaste afacendo. Ademais, este non é un cemiterio común, é moi visitado, por aquí pasa moita xente todos os días, non é o mesmo que se estivera nun lugar afastado».
De hecho, Santa María A Nova está a escasos metros de la Alameda de Noia, en pleno corazón de la villa, una circunstancia que no pasa desapercibida a los visitantes: «Claro que a xente que vén de fóra pregunta polas laudas gremiais, pero o que máis lle chama a atención é que o cemiterio estea rodeado de casas».
Historias enterradas
La encargada de que todo esté limpio y en orden en el camposanto podría ocuparse de hacer visitas guiadas entre las lápidas contando curiosidades como la de una familia -padres e hijo- que murieron el mismo día y el mismo mes, pero en años distintos, o que en toda la necrópolis solo hay una decena de lápidas con la inscripción en gallego. Estas son algunas de las historias que esconde Santa María A Nova, pero otras muchas permanecen enterradas: «Aquí atópanse sepulturas gremiais case a diario, os corredores están cheos delas soterradas».
Con semejante historia a sus espaldas, no extraña que los noieses todavía quieran descansar para siempre entre sus muros a pesar de estar saturado: «É un cemiterio moi querido, quixérono clausurar pero non foron quen».