Morreu o touro, acabouse a peseta! Así se decía en los destartalados tendidos de la plaza de toros de Noia, antes de la guerra. Podría aplicarse el dicho de nuestros ancestros al remate del pleno que puso el bastón de mando noiés en manos de Miguel Paz con la responsable anuencia de la Marea, el NOIA y el BNG. Ahora que el libro de actas que nos concierne a todos está abierto de par en par, conviene desde el primer día escribir en sus páginas en blanco despacito y con buena letra. El gobierno no debe olvidar nunca, al emprender cualquier acción, que se debe al pueblo y, por el pueblo y para el pueblo, estampará su firma al pie del folio transparente. La oposición que coadyuvó a la conquista de la alcaldía y que ciertamente ha demostrado madurez y respeto a sus votantes, debe estar vigilante aunque no tiquismiquis y velar por los derechos y las libertades de la ciudadanía. Para operaciones de acoso y derribo, para deplorar todo aquello que se logre o para impedir una marcha hacia el progreso y el futuro de quienes hereden nuestro mundo, ya están los que contra toda razón dirán que lo blanco es negro o lo dulce salado. Puede que crean que esa es su misión pero la razón debería primar sobre las ideologías. Especialmente ideologías que siempre han llegado tarde a todo, a cualquier avance social y al reconocimiento de los derechos humanos.
Un breve repaso a la historia nos hace ver que aceptaron a regañadientes la abolición de la esclavitud, el voto femenino, el divorcio y la libertad de pensamiento. Así es que espero que la corporación cumpla su mandato y arribe a puerto dentro de cuatro años con la nave indemne y mejorada al haberse hecho fuerte en las tormentas y sabia en las encalmadas. La oposición deberá ser tan responsable como el gobierno y manifestar sus opiniones y diferencias en base al estudio profundo de los múltiples problemas que sin duda surgirán durante la singladura. Las alharacas, los fuegos artificiales y las discusiones bizantinas no harán otra cosa que retrasar la llegada al puerto deseado. Y sobre todo. Quien se sienta en esos escaños es el pueblo que votó a sus representantes. Si eso no se olvida, se lograrán los objetivos.