Reportaje | Familias que ya no quedan Carmen Otero es una de las protagonistas de la Festa da Nai de Teo por sus 13 hijos, veintiséis nietos y dos bisnietos
25 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?l refranero dice que el trece es un mal número si no crece. Quien acuñó este dicho no conoce la historia de Carmen Otero y Eduardo Martínez, un matrimonio compostelano afincado en Teo desde hace años. La celebración hoy del Día da Nai ha servido para dar a conocer cómo es posible criar a trece hijos, disfrutar de 26 nietos, esperar como agua de mayo la llegada de dos bisnietos y darles de comer a todos cada vez que se celebra una comida-convención de los Martínez Otero. De hecho, en la casa de este matrimonio, en Cacheiras, hay mesas por todas partes y de un tamaño más que considerable porque cuando se reúne la familia no hay comedor que llegue. Eduardo y Carmen, que han superado las bodas de oro, reconocen que educar a trece hijos también es cuestión de suerte porque «todos foron moi bos». Y para que no queden dudas con la familia política, Carmen añade: Teño que decir o mismo das noras e dos xenros». Su sonrisa se amplía cuando habla de sus 26 nietos, ya que ha podido disfrutar de ellos más que de sus propios hijos porque a sus 74 años está viviendo una segunda juventud dado que entre los 20 y los 34 años tuvo a sus trece hijos (no tuvo ningún parto de gemelos) y cuando cumplió esta edad comenzó a trabajar y así siguió hasta la jubilación. En cuanto a Eduardo, lo suyo fue trabajar de sol a sol para así poder mantener a la familia. «Se eu comía patacas, todos comiamos patacas, e cando había carne, había carne para todos e para eso había que traballar vinteseis horas ao día». Está claro que los números son muy importantes para este matrimonio. Su automóvil tiene una matricula simbólica y peculiar: 1326. Y siempre que Eduardo compra un cupón lo hace con el trece porque, como dice Carmen, les ha traído muy buena suerte: «A min unha vez tocaronme cincuenta pesos cun número trece, e o trece é o número de San Antonio ao que lle teño moita devoción». Con tantos hijos y tantísimos años de convivencia, su vida está plagada de historias únicas. Una de ellas, que forma parte de la memoria de todos sus hijos, eran los viajes a la playa. Iban a Noia porque era el lugar más cercano ya que el padre de tanta prole tenía que hacer dos viajes de ida y dos de vuelta en un seiscientos. Pero la leyenda familiar da para mucho más, como cuando ambos fueron al cine y al regresar contaron doce cabezas en las camas «e como dormidos todos eran iguais tivemos que mirar un por un para ver cal faltaba».