Fauna

MAXI OLARIAGA

NOIA

DESDE FUERA | O |

20 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

CONVIVEN EN Noia con nosotros un censo de ciudadanos afanosos con su labor de cada día a los que apenas tenemos en cuenta. A veces, desesperado por el dolor que los humanos nos causamos los unos a los otros, me retiro a su mundo, a sus pequeñas vidas. Las garcetas padecen de melancolía y apoyan su débil estructura de pluma en la frágil arquitectura de sus zancos. Merodean entre las gaviotas y los lavancos mirándose en el sucio espejo de la bajamar putrefacta entre paseo y paseo. Pasean los perros olisqueando las esquinas, enterándose de qué hermanos han madrugado y dejando recado a los que todavía no han visto el sol. Al sol ronronean los gatos frente al despacho de lotería. Se lamen las uñas mientras, escépticos, ven entrar y salir a los humanos asidos a los números como un salvavidas en medio del océano. En un océano de hojas se desgañitan los estorninos y en la alameda los gorriones persiguen a los mosquitos trazando vuelos eléctricos en la excéntrica geometría del aire. En el aire de una galería gruñe y maldice un loro añorando la espesura que la selva teje. Teje la araña su red de saliva fresca bajo los brazos del Cristo del Tapal, a cuyos pies descanso y un caracol solitario, como mi corazón esta tarde, se detiene y se acurruca a mi lado. Duerme tranquilo. Sabe que no le haré daño.