La lección que llegó del Niágara a Louro

La auxiliar de inglés Sarah Howard está revolucionando las clases en el colegio muradano con sus canciones folk


RIBEIRA / LA VOZ

En su hogar natal, Sarah Howard (Ottawa, 1990) creció con una banda sonora muy particular de fondo, el eco de las cataratas del Niágara. Ese tipo de privilegio, como el de atravesar patinando el Canal Rideau como parte del trayecto diario cuando se hiela cada invierno, da una pista de lo que llevó a esta joven a convertirse en la auxiliar de conversación del colegio de Louro. Y es que Howard se había fijado unos requisitos muy concretos: «Cuando me tocó elegir, solo pensé en que quería dar clase en un pequeño pueblo de Galicia».

Sin embargo, la fijación por las zonas de carácter rural gallegas y la procedencia de la canadiense, que ayuda a la docente de inglés María Luisa Torregrosa Regueiro en este centro plurilingüe de Muros, no es por lo único que se ha ganado el corazón del alumnado de Louro. La gran lección que Sarah Howard se trajo del otro lado del charco tiene un claro acento musical, a través de la voz y el rasgueo de la guitarra de esta cantautora, ya sea con sus propios temas folk o atreviéndose con canciones populares de esta tierra. «Tener a Sarah con nosotros es como viajar a otros países sin moverte», destacó Torregrosa.

Meigas como musas

Graduada en Música por la Carleton University de Ottawa, podría decirse que Howard encuentra la inspiración en las similitudes con su pueblo, Niagara-on-the-Lake. Le bastaron tres días realizando el Camino de Santiago desde Compostela a Fisterra para entender su idilio con «la cultura celta, las meigas y la Galicia mágica». Es más, gracias a la labor de integración de Torregrosa, esta joven de 28 años incluso está prestando su voz en el coro de Muros como soprano.

«No sé si todo el mundo es así aquí, pero los chicos son muy curiosos, cálidos y cercanos», comentó la auxiliar de conversación para señalar sonriendo que apuesta por una metodología de enseñanza «viva» y atractiva para los pequeños, que de vez en cuando se ríen con ella de sus fallos en castellano: «Creo que es algo muy positivo que los niños vean a otra persona que también está aprendiendo una lengua. Es un intercambio de cultura».

Aunque Howard no regresará hasta abril a Ottawa, el futuro de Louro le ha calado tanto que ya ha decidido que quiere convertirse en profesora en Canadá -sus especialidades son música y francés-, eso sí, en las mismas condiciones: «Me gustaría enseñar en el campo, es muy importante porque de donde yo vengo también tenemos problemas de despoblación y los chicos no tienen el mismo acceso a la cultura y a las artes que en ciudad».

¿Volverá algún día a Muros? Sarah sonríe dibujando un ojalá que la devuelva entre preguntas con sabor a sirope de arce y nieve.

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