EN Galicia es difícil encontrar algo más bello que la luz del sol a media tarde filtrada a través de una parra cargada de uvas. Darlle o pico, charlar, sobre una bancada de pedra y dejar que los minutos se pulvericen es un pasatiempo en el que el ocio se convierte en arte. Hablar de lo divino y de lo humano, arreglar el mundo, usar los aceros del lenguaje, la esgrima de la tertulia, adjetivar el pasado. -Os políticos mesiánicos son tigres de papel, prefiro os xestores -dice uno-. Deixa marchar aos líderes do pasado de todos os partidos. Escuchas y casi los ves cómo se van en Santa Compaña. Se habla del futuro. Falar non ten cancela, felices 33. ¿Estarán los nuevos a la altura? Todo, mientras las niñas barullan entre pías de pedra, portas restauradas, un cuadro de las rúas de Muros. De la huerta llegan los pimientos, tomates. -Galicia es rica -dice otro. Y piensas que es rica su tierra y su gente. Piensas que el hecho diferencial en Galicia no es el grelo. El hecho diferencial del galego es el corazón. El corazón del galego es una manzana sana cuando sabe abrirse para no pudrirse. Cómo brillan las palabras bajo una parra cargada de uvas, a media tarde, cuando la luz del sol parece miel. cesar.casal@lavoz.es