Ala espera de que llegue la ansiada vacuna y de que tenga los efectos deseados por todos, toca cumplir las normas. Nadie está a salvo y el cierre perimetral al que ahora está sometido el municipio de Boiro puede extenderse a cualquier otro de la comarca.
Hay ciudadanos que piensan, y así lo dicen, que si el virus se extiende hay que confinar a todo el mundo durante dos semanas, en lugar de intentar atajarlo con toques de queda o reduciendo el horario de la hostelería.
Sin embargo, esto no va de eso. El virus no se combate pasando dos semanas en casa para luego volver a las andadas como si nada hubiera sucedido. El mejor ejemplo de ello es la segunda ola que está viviéndose en la actualidad. Hay que ser estrictos, comenzando por cada uno de nosotros y siguiendo por las autoridades. Lo ideal sería que cada uno fuera lo suficientemente responsable, pero hay algunas personas que se lo toman a la ligera y las consecuencias de sus actos pueden pagarlas todos.
La Navidad está muy cerca y todo el mundo quiere estar cerca de sus seres queridos. La mejor forma de que no haya restricciones es cumplir las normas. No se trata solo de una cuestión de seguridad personal, sino también de responsabilidad social.
Un cierre en esta época del año supone un importante varapalo para los negocios de cualquier ayuntamiento. En un momento como el actual, en el que muchos sectores económicos están viéndose afectados por las consecuencias de la crisis económica, es responsabilidad de todos evitar que la pandemia se extienda. Sentidiño, que es la expresión del año.