Mi deseo

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

19 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Casi sin darnos cuenta, con sus alegrías y tristezas, vamos rematando otro año, lo que a la postre, cuando menos desde la perspectiva vital de cada uno de nosotros, es lo que importa.

Pero no tanto desde el desafío conjunto de nuestra sociedad. Atrás quedarán doce meses que en lo político serían para olvidar, si no fuese porque los doce que vendrán serán peores. Pocas fronteras quedan ya por cruzarse, pero se cruzarán. Los niveles que antes marcaban decencia y decoro se han difuminado en un mundo donde ya no importa el hecho en sí, si no su relato. Donde la posición natural es la radical que parece imponerse a la moderación.

No es una cuestión de ser agorero, ni tampoco de decir que todo lo pasado fue mejor. Es que la especie humana está gestionando mal la globalización y su creciente dependencia de las nuevas tecnologías, que están cambiando las normas del juego a un ritmo difícil de seguir. Así, se da la paradoja de tener la juventud mejor formada e informada en la historia y que, a la vez, sea la más débil ante los elementos trascendentes del medio dónde luchan, aman y sufren.

El asunto empeora si tenemos en cuenta que cada día estamos más controlados: desde los pagos que hacemos, a lo que compramos, lo que vemos, lo que oímos o lo que leemos. En breve, lo que pensamos. Una situación en la que somos vulnerables y manejables. No por ello hay que renunciar a lo positivo de los avances actuales. Al contrario, hay que identificarlo, reivindicarlo y protegerlo.

Por eso, mi deseo para el 2026 es bien sencillo: más personas, más humanos, más sentido común y más sensibilidad ¡Salud y Felices Fiestas!