Cuando llegamos al ecuador de agosto y encaramos la recta final del verano podemos concluir que, sea por el buen tiempo de este año —uno de los mejores desde hace mucho— o porque el norte en general, y Galicia en especial, están de moda, la afluencia de visitantes ha sido de récord.
Lo que tiene su lado positivo, pero también negativo. Por una parte, el turismo trae consigo un notable incremento de la actividad económica que empuja todo el sector servicios y, por inducción, los demás. También al sector público, vía impuestos y tasas.
Pero lo que otros han percibido desde hace años aquí empezamos a notarlo en uno histórico como este: las vías de comunicación, los servicios y los espacios naturales de Arousa norte están destinados el resto del año a 66.000 personas. En verano, aún sin disponer de datos oficiales, superan con creces las 100.000. Atascos, colas, saturación, encarecimiento o escasez de ciertos elementos básicos deberían hacernos pensar.
Ni mucho menos hay que demonizar el turismo. Primero porque todos somos turistas en alguna ocasión. Segundo porque tratar de limitar la movilidad es como querer poner puertas al mar. Pero para que no se genere animadversión hacia los visitantes —como ocurre en algunos lugares— hay que pensar en las demandas de mañana y diseñar soluciones hoy.
Un equipo multidisciplinar de la Mancomunidade Barbanza Arousa debería elaborar cada año un plan específico para el verano. Un plan que teniendo en cuenta variables como la climatológica diseñe y disponga lo necesario para las posibles incidencias del estío.