Como madre, asisto con asombro al cambio que se ha producido en materia educativa y que afecta a los estudiantes de ESO y bachillerato. Hace ya un tiempo que anunciaron la supresión de las pruebas de septiembre, trasladando dicha convocatoria a junio. Lo que yo desconocía era que los alumnos serían sometidos a un procedimiento exprés de exámenes de los que, en algunos casos, dependerá que pasen o no de curso.
¿Tiene alguna lógica que chavales que este martes acabaron las pruebas correspondientes a la tercera evaluación tengan ya que enfrentarse a partir del lunes a los exámenes de recuperación? Y en algunos casos, estos se corresponderán con un parcial, pero en otros, afectarán a materias completas. Veo imposible que quien fue incapaz de preparar una asignatura en todo un curso pueda hacerlo ahora en una semana y eso sin contar a aquellos que tienen varias pendientes.
La convocatoria de septiembre ofrecía más esperanzas, aunque ello implicara sacrificar el verano. ¿A qué lo dedicarán ahora aquellos chavales que ya tengan dictada la sentencia de repetir curso? Aunque sus padres los obliguen a coger los libros, está claro que no lo harán con el interés que podría despertarles tener una oportunidad.
Cierto es que todo indica que serán pocos los que repitan curso, pues habrá quien pueda pasar con cuatro o hasta cinco materias suspensas. Otra noticia desalentadora, puesto que ello les implicará, de cara al curso siguiente, un sobreesfuerzo difícil de asumir.
El tiempo dirá si los cambios son o no acertados.