Despedida

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

Has sido el mejor bote de Cola-Cao del mundo. Firme, fuerte, útil. Recuerdo cuando llegaste a mi casa nuevo, limpio, ¡hasta deslumbrante! Olías tan bien... con esa fragancia a chocolate falso, enharinado; mentiroso e irresistible. Tu polvo era limpio y emitías tu perfume cada vez que te dejábamos respirar para robar tu azucarada recompensa. Poco a poco te fuimos consumiendo. Cosas que pasan. Y cuando estuviste vacío te reinsertamos como recipiente de sustancias impuras como pistachos o monedas de céntimos de euro.

Nacer lleno de chocolate para terminar conteniendo esas hojalatas que pasan por cualquier mano, hasta de franceses. Un crimen. Como consecuencia de los desgastes de lo cotidiano un día se te cayó la etiqueta y salió volando, te dejamos desnudo y avergonzado. Pasaste anónimo tus últimos días en el corredor de la muerte de los botes: la estantería de arriba.

Una tarde te tiramos a la basura. Quiero pensar que fue mi mujer y no yo. No pretendo culparla pero fijo que fue ella. Aunque fue hace tanto tiempo… en enero. Con la de cenas que hay en enero ¿Quién sabe? Nos deshicimos de ti sin darte las gracias, pero hoy, ¡yo te recuerdo! Te recuerdo como viniste el primer día y te amo. Te diría que has sido el mejor bote de Cola-Cao del mu…

¡No! Espera, que eras un bote de Nesquik. Los de Cola-Cao son de plástico. Lo siento. ¿En qué estaría pensando? Si en esta casa no se toma el Cola-Cao, todo el mundo sabe que se disuelve mal, todo grumos.

Quería decir Nesquik. ¡Nesquik! Perdóname, por favor, perdóname. Te preferimos a ti. Vuelve a casa.