Quienes de manera directa o indirecta se mueven por el mundillo de la política, pueden llegar a conocer los nombres de los nuevos cargos que representan a un partido como el reciente caso del PSdeG. Bueno, lo de conocer es una forma de hablar. A algunos sí, pero a la mayoría no. Porque lo cierto es que durante el proceso de elecciones primarias para cambiar unos cargos por otros, lo único que trascendió fue el rifirrafe entre candidatos, más allá de sus méritos y planteamientos de futuro, que deberían atañer no solo a los militantes. Con esta manera estatutaria de actuar, a la gran mayoría gallega que no vive los avatares que se cuecen internamente, quienquiera que sea el que dirija el partido, se la trae al pairo.
Cuando las pugnas por la representación política o, mejor dicho, por el apetitoso poder orgánico de los partidos, se centran exclusivamente en lograr el reconocimiento de aquellos que, por razón de militancia, tienen la posibilidad de elegir, al resto de los mortales les resbala. Desgraciadamente, en esos lances electorales de primarias para consumo interno, poco o nada trasciende el mensaje de ideas que pudiera ilusionar al resto de los ciudadanos.
¡Qué lejos estamos de las verdaderas primarias tal que en los Estados Unidos! En donde, para la designación de candidatos, pueden participar todos aquellos ¡sean militantes o no! Que sientan preocupación por el Estado al que pertenecen y al que los candidatos optan a representar. Es lo que allí se conoce por caucus en votaciones abiertas. En el país que sin duda representa el mejor aunque imperfecto modelo democrático, los candidatos saben que no solo hay que convencer a quienes tienen carné de afiliado.
¿Y aquí qué? ¿Se imaginan el guirigay que se podría montar en nuestro país, si personas habitualmente votantes del PP tuvieran oportunidad de participar en primarias del PSOE y viceversa? Esperemos que algún día el PSOE, pionero en primarias en España, vuelva a dar un paso al frente y considere esa posibilidad. Solo con la participación de la fuerza militante propia para la elección de candidatos, el horizonte de victoria se presenta muy incierto. Con votaciones abiertas, la visibilidad de los candidatos habría recorrido un buen trecho.
Ahora mismo, después del esfuerzo de las recientes primarias del PSdeG, si le preguntásemos al ciudadano votante de a pie quién es quién en el organigrama del partido, tan solo una escasísima minoría nos podría decir que «debe ser un tal Valentín Formoso porque le ganó al sobrino del alcalde de Vigo»… Pero a la mayoría de los demás votantes gallegos (siempre más que los escasos militantes), lo dicho: se la trae al pairo.
Y así, con este sistema estatutario de lavar la ropa en casa, dentro de dos años y pico todos seguirán sabiendo quien es Núñez Feijoo o Ana Pontón, pero pocos conocerán quien lidera el PSdeG. Sí, sí, queda tiempo para ello; pero los demás también corren y hay que ver como se lo curran.