Al maleducado del Gadis

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

Ala frase «la pandemia nos hará mejores personas» se le está poniendo cara de «has adelgazado un montón». Es una bola institucionalizada. En fin, no sé qué te pasó esa tarde, quizá aquella chica antes de dejarte por el compi de crossfit te dijo «no eres tú, es la pandemia» y, claro, bajaste enfadado a hacer la compra al súper. La cajera te devolvió mal el cambio o cometió algún error tan imperdonable como cobrar dos bolsas en vez de una. Y, tú, tan tú, montaste un pollo, porque a ti nadie te toma el pelo.

La cajera intenta guardar la calma con una sonrisa fría, mantiene esa sonrisa por trabajo, porque no le queda otra, vamos, por dinero, como todos. Y tú, tan tú, con formas de cerdo, montas un espectáculo, levantando el tono y el dedito, convenciéndote de que en esa patética exhibición de inferioridad hay algo honorable, ¡oh!, qué sincero, qué tío duro. La sinceridad entendida como una vehemente evacuación de opiniones desagradables es un proceso digestivo, no espiritual. Es una mierda, vamos.

Tú, tan tú, tan «las cosas claras», tan «sin pelos en la lengua», que piensas que decir la verdad es ser un borde y un maleducado, debes tener cuidado, que de tanto querer hablar el «unga-unga», un día alguien va a responder a la llamada de la naturaleza. Y quizá sea bueno, porque un tortazo del que tengas que volver en autobús, es la única manera de hacerte entender que los huevos son para echárselos al revuelto con gulas, no a la cajera. Tus traumitas no te convierten en un mártir, tu mal día no anula la responsabilidad de tratar a la gente con decencia.