Sobrados

Carlos H. Fernández Coto
Carlos H. Fernández Coto SECCIÓN ÁUREA

BARBANZA

23 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando le vi entrar en el despacho con una mascarilla del Real Madrid, intuí el hilo de la larga conversación que mantuvimos después acerca de los criterios que las administraciones públicas siguen para la concesión de ayudas a fondo perdido. Invertir su dinero en cambiar las obsoletas instalaciones —inservibles— o renovar las ventanas para mejorar las vistas al mar y cambiar los ancestrales pavimentos plásticos por otros más dignos no es rentable para alquilar la vivienda por cuatrocientos euros al mes.

Esa pequeña vivienda estaría a la venta en Madrid por trescientos mil, como mínimo, pero los precios locales son muchísimo más bajos, e infelizmente hay personas que cobran poco más de esos cuatrocientos euros, por lo que no podrían pagar esas fortunas. Igual también es una idea extravagante que esas ayudas públicas no sirvan para acondicionar los pisos para alquilarlos en compañías de arrendamiento efímero, por días, por semanas, como supuestamente hacen en algunas ciudades para alegrar la vista de los turistas.

La realidad es que en Galicia las subvenciones —que salen de nuestros impuestos— se utilizan para la vivienda habitual y no para el turismo, para las personas que necesitan una ayuda para mejorar sus vidas. Más complicado me fue explicarle que para disfrutar de una ayuda pública para vivienda en la Galicia profunda es necesario censarse en ella, porque es el modo de demostrar que es la vivienda habitual. Para alguien con ese perfil es una inversión ruinosa y preferirá seguir en su mundo, en el de la Castellana, donde también los gallegos pagamos impuestos.