El dentista

Álvaro Sevilla Gómez
Álvaro Sevilla BARRIO DEL PIGNETO

BARBANZA

28 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Esta es mi última columna del 2020 y quiero aprovecharla para recordar una frase que ha rondado mi cabeza gran parte del año: «La vida es como visitar al dentista. Se piensa siempre que lo peor está por venir, cuando en realidad ya ha pasado».

Reconozco que cuando la pandemia comenzó creí que saldríamos de ella más unidos, pero me equivoqué rotundamente. Subestimé que en los conflictos hay votos a ganar, elecciones por perder, batallas entre países, culturas y religiones imposibles de resolver y, además, mucho dinero en juego. Creí puerilmente en un mundo perfecto y me olvidé que nos movemos más rápido e impulsivamente por el miedo que por la esperanza.

Pero aunque vea esa parte negativa prefiero creer que el dentista ya ha terminado de empastar la muela. Nunca llegaremos a crear un mundo perfecto, pero sí creo que tenemos la potestad de cambiarnos a nosotros mismos.

Si de algo han valido los meses encerrados en casa han sido para reflexionar. La pandemia nos ha obligado a sacar el pie del acelerador y nos ha forzado a echar el freno en el caos que se ha convertido la vida posmoderna. ¿Qué hemos echado de menos? Dudo que sea un coche mejor, una televisión 8K, un móvil...

En estas fechas todos desearíamos haber compartido tiempo con nuestra gente sin temor a contagiarnos y poder brindar por el 2021 sin miedo a nada. Al final lo importante es eso, sentirse querido, no tomarse las cosas demasiado en serio, pedir perdón cuando sea necesario y tener tiempo para la gente que siempre está ahí. ¡Ah! Y confiar en que el dentista ha acabado. Aunque siga empastando.