El caos de los institutos


No tiene justificación alguna el retraso en el inicio del curso en los institutos. Este ha sido el año en el que se ha dispuesto de más tiempo para organizar la vuelta a las aulas y no se puede atribuir la falta de planificación al coronavirus, pues en esta ocasión no pudo coger por sorpresa a nadie. Vale que en marzo nadie estuviera preparado para impartir las clases a distancia y que hubiera que improvisar para salvar la situación. Y vale también que la prioridad fuera entonces sacar adelante la recta final del atípico curso sin dedicarle tiempo a pensar en el siguiente. Pero a comienzos de junio, cuando el período de clases estaba prácticamente finiquitado, ya se daba por hecho que la pandemia no desaparecía por sí sola e incluso se auguraba que el otoño podría ser crítico. ¿Por qué entonces no se empezó a trabajar para garantizar el regreso a las aulas en tiempo y forma? Quedaban tres meses y medio por delante.

Quienes tenían que marcar las directrices no lo hicieron y obligaron a los equipos de los diferentes institutos a trabajar sobre protocolos que fueron modificados hasta en tres ocasiones. Y ahora la realidad es que chavales que llevan desde mediados de marzo sin pisar las aulas se ven obligados a prolongar sus vacaciones. Ahora falta por ver si las clases se retoman el 23 y en las condiciones adecuadas. Educación dice a los institutos que pueden elegir entre duplicar turnos o colocar mamparas, ¿pero está realmente dispuesta a asumir el gasto que conlleva la contratación de este personal? Si la solución pasa por las mamparas, ¿hay tiempo para su instalación?

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