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Aparten de mí la pretensión de ser comentarista político o tertuliano al uso. Les pido me consideren lector de prensa y observador de pueblo.

Después de las elecciones vascas y gallegas y, en los discursos del pasado Día Nacional de Galicia, hemos podido ver dos realidades -quizás tres-, de la manera de enfocar los problemas y las posibles soluciones por los que pasan Galicia y el resto de España. Opiniones y análisis de dos histriónicos visionarios diferentes.

Utilizando símiles náuticos de los que algo entiendo, nos encontramos, por un lado a Xosé Manuel Beiras cayendo todo a babor y hundiendo las embarcaciones menores que él había ayudado a construir. Y por el otro, a José María Aznar, metiendo toda la caña a estribor para sumarse a la flotilla derechona emergente. Al dejarse llevar por su histriónica pasión, incapaces de levantar el timón, ambos otrora líderes, aunque con diferentes rumbos y derrotas (náuticas y de las otras), consiguen hundir naves y tripulación y con ello el vetusto prestigio que les quedaba.

En un extraño parecido, el principio de cuanto peor mejor propiciado por José María, aunque a rumbos opuestos, es absolutamente coincidente con el de Xosé Manuel. Para ambos, el golpe de timón a estribor el uno y a babor el otro, se corresponde con sus trasnochadas ideas, dejando al pairo a sus pupilos con sus fracasos electorales. Como consecuencia, un tal Casado en España y un tal Sánchez (este llamado Antón y portavoz nacional de Anova), dicen sentirse satisfechos de las batallas perdidas por la reiterada mala praxis de sus almirantes, José María Aznar y Xosé Manuel Beiras.

«Sobran motivos para organizarse y seguir luchando por Galiza», dice este, humillado y agarrado a un patache que nunca alcanzará puerto. Y el otro, intentando salvarse asido a un tronco de la derecha radical, con la poca voz que le queda, grita al viento pidiendo incrementar la dialéctica destructiva de su pupilo. Son dos personajes que pasarán a la historia por lo que podían haber sido, de saber retirarse a tiempo. Manteniendo el rumbo de colisión, no se gana en Galicia ni en el resto de España.

Decía más arriba que «quizás tres». Pues sí. No me olvido de la falta de mensaje y atractivo político de otro de los contendientes en la pugna electoral gallega. Caballero llega tarde con el discurso de Rianxo del pasado sábado: «Ahora se necesita más reflexión», dijo. ¿Ahora? ¿Ahora que Ana Pontón le ha mostrado el camino para liderar la oposición? A buenas horas mangas verdes, dijeron los ciudadanos a las fuerzas del orden que llegaban tarde.

Y, mientras tanto, Alberto Núñez Feijoo navegando viento en popa, alejándose de sus adversarios de Galicia y de Madrid. Así de fácil ni se las ponían a Fernando VII.

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