La importancia de un líder


La democracia es el peor gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás. Esta frase sí es de Churchill o al menos eso dicen. Y en esta democracia, por mucho que nos preocupe -¡vaya si nos preocupa!- todos los partidos merecen ser respetados, por lejos, lejísimos y disonantes que sean sus predicamentos en relación con nuestras convicciones.

Ya pueden ver ustedes como dentro de partidos democráticos tradicionales existieron desde siempre invitados incómodos pero necesarios para llenar las carpas. De no ser así, ¿de dónde creen que proceden los 557 votos que VOX obtuvo en Ribeira? ¿Extraterrestres? No. Al parecer, y según dicen los analistas políticos, provienen de la parte derecha del hórreo del PP. Del mismo modo que los sumados por el BNG son los perdidos por el PSdeG, por Ciudadanos y por las Mareas. Que tampoco nadie se crea que son de alguna galaxia alejada de nosotros.

En mi opinión (acostumbrado como estoy a equivocarme), la diferencia entre una situación electoral y otra radica en el liderazgo. En contra de mis utópicos principios, cada vez me inclino más a pensar que, las ideologías puras, solo sirven para unos cuantos seguidores incondicionales de unas siglas a las que están abonados. ¡Ay!, pero cuando esos cuantos no son suficientes para llenar de votos el hórreo de sus preferencias, hace falta algo más. Entonces, ¿cuál es la clave del éxito de los partidos ganadores?

Veamos. Si dejamos aparte al PPdeG, al que votan miles y miles de gallegos y gallegas conservadores («personas de ideología enormemente moderada en política y en otros campos de la vida humana», RAE dixit), y que suelen ser mayores o muy mayores y votan a quien quiera sea su líder, a los votantes de los demás partidos los motiva el liderazgo, el mensaje creativo y la falta de bandazos. Pero sobre todo, un liderazgo creíble e ilusionante.

Y ahí es en donde radica la diferencia. Cuando partidos consolidados han tenido el acierto de contar con un líder creíble, la suerte les favorece. Para ser líder de un partido, hay que nacer con ese carisma o tener la humildad de dejarse orientar por lo que piensan y sienten la mayoría de ciudadanos a quienes dirige su mensaje. La cercanía a los problemas de la gente forma parte de la clave. Las siglas de un partido no hacen a un líder; y los palmeros que intentan subirse al carro del poder, crean liderazgos mediocres incapaces de transmitir mensajes poco o nada ilusionantes. Así que, hablando de liderazgos, y vistos los resultados de las elecciones gallegas, utilizaré la forma femenina para darle la enhorabuena a una lideresa de verdad.

Por último, y tal como empecé, a quienes libremente votaron a opciones que transitan sobre el filo de la navaja de la democracia, con todo mi respeto les pediría que, la próxima vez, voten en blanco o se decidan por la abstención como forma de castigo a esa democracia en la que parecen no creer.

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