COVID-19: Entre España y Alemania


C ecía Calderón de la Barca aquello de: «… y si habla mal de España es español». Pero yo les pediría que no me metan en ese mismo saco ni tampoco en el de los seguidores de Chauvin; pues no soy francés y defiendo a mí país. Lo que pienso es que en algunas cuestiones, por encima de los sentimientos deberíamos anteponer la razón; y la sanidad es una de esas importantes cuestiones en las que el patrioterismo no debería nublarnos esa razón.

En España -solemos decir- tenemos la mejor sanidad del mundo. Que nuestra sanidad no es mala, es incuestionable. Pero ¿se trata de la mejor del mundo? De ser así, algo falla en los parámetros de medida. Porque si analizamos las cifras de fallecimientos por COVID-19 de España y las comparamos con Alemania, los números en nuestra contra, son sobrecogedores. Y como español que soy, me niego a creer que sea una cuestión genética.

Hurgando en las informaciones que aparecen en diferentes medios durante todos estos tristes días, hay un dato que nos podría acercar a comprender el porqué de esta diferencia tan brutal de fallecidos en Italia y en España, comparativamente con Alemania: el número de camas uci. El país teutón, al comienzo de la pandemia, tenía 25.000 camas uci, mientras Italia contaba con 5.000 y España con algo menos de 4.400. Dicho de otra manera, en Alemania hay una uci para cada 3.300 personas, mientras en España nos corresponde una para cada 10.700 personas. Y los casos graves se curan en las uci y no en una silla en un pasillo.

Para más inri, según me cuenta un médico de urgencias de un importante hospital público, en España no hay suficientes médicos y enfermeras de medicina intensiva, para dar servicio a estas 4.400 camas. Y así, ante tamaña escasez de camas y de personal cualificado, los médicos intensivistas se ven forzados a seguir criterios restrictivos a la hora de valorar la atención en las uci. Sencillamente, criban los casos basándose en tres factores: una expectativa de vida inferior a uno o dos años, la edad biológica o el valor social del paciente. Así se desprende de las recomendaciones éticas de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, pudiendo estas recomendaciones ser todavía más restrictivas en función del número de ingresos.

No. No tenemos la mejor sanidad del mundo. Desde hace doce años, por los duros recortes en sanidad, nos hemos situado a la cola del entorno europeo en gasto por habitante, según datos de OCDE.

Tampoco se puede enmascarar la precariedad sanitaria con brillantes cifras de donantes de órganos y exitosos trasplantes ni engañosas listas de espera, mientras nos hemos acostumbrado a ver enfermos atendidos en los pasillos. Ahora, llegado el momento de salvar vidas día a día, es cuando debería notarse ese tan cacareado primer lugar en el ránking mundial de calidad asistencial; y no basar todo el esfuerzo en médicos y enfermeras mal pagados y peor protegidos. Un médico alemán ¡recién graduado!, gana 4.712 euros al mes y 3.580 un italiano. Y créanme si les digo que me da auténtica vergüenza decirles lo que gana un médico español con 12 años de experiencia.

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