Condenan a dos pobrenses a un año de cárcel por matar a un perro

El animal fue colgado, apaleado y matado a perdigonazos


Morder a su amo le costó caro a Jako, un pastor alemán que en noviembre del 2015 fue colgado, apaleado y, finalmente, matado y enterrado para intentar no dejar rastro del suceso. El titular del Juzgado de lo Penal número 2 de Santiago acaba de condenar a un año de prisión a dos vecinos del municipio coruñés de A Pobra do Caramiñal -padre e hijo- a los que se considera culpables de un delito de maltrato animal, convirtiéndose esta pena en la más elevada que se ha impuesto hasta el momento en Galicia. El fallo también absuelve a una tercera persona, la esposa y madre de los procesados, ya que aunque tuvo conocimiento de los hechos, no participó en ellos.

Los tres fueron detenidos en su día por la Guardia Civil, después de que un vecino denunciase el suceso. Según se explicó durante el juicio, este testigo escuchó los gemidos del can, y cuando se asomó por la ventana vio como el animal estaba colgado en un cobertizo anexo a la vivienda y uno de los acusados le estaba pegando con una especie de vara ante la presencia del otro imputado. Cuando le pidió que dejara de golpearlo, este justificó su actuación diciendo que el animal había mordido a su hijo en un brazo.

Varias semanas después, un senderista encontraba enterrado el cuerpo de Jako en una finca situada a dos kilómetros del lugar. La autopsia desveló que el animal presentaba hematomas en varias partes del cuerpo, además de que tenía varias vértebras rotas y se hallaron diversos perdigones. Los forenses concluyeron que la causa más probable de la muerte fue «una fractura cervical por el impacto de proyectiles a muy poca distancia».

Investigación

Durante la investigación llevada a cabo por la Guardia Civil se descubrió sangre y pelos en la base de una columna y en un madero del galpón donde sucedieron los hechos, unos restos que los acusados dijeron que pertenecían a un gallo que acababan de sacrificar, aunque esta versión quedó desvirtuada durante el juicio. En su declaración, los agentes del instituto armado aseguraron que las dimensiones de la mancha de sangre eran mucho más grandes de las que se podrían producir al matar a un ave, y que no encontraron plumas, sino pelo, que presumiblemente era de un perro. También se descubrieron manchas de sangre en el maletero del vehículo de uno de los procesados, que tampoco tenía la alfombra original que trae el automóvil.

La asociación Vox Anima, representada por la letrada, Ángeles Horta, actuó como acusación particular en el juicio, cuyo fallo creen que marca un precedente. Tras conocerse el fallo, desde el colectivo animalista señalaron: «Aunque consideramos que las leyes contra el maltrato animal deberían ser mucho más severas, tanto nuestra abogada como la fiscal hicieron un buen trabajo y la jueza emitió una sentencia aceptable teniendo en cuenta el margen con que le permite actuar la ley actual».

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