Inmoralidad y juego «on-line»

José Vicente Domínguez LATITUD 42°-34, 8 N

BARBANZA

10 ene 2019 . Actualizado a las 05:10 h.

No soy yo tan puritano como para pedir que se eliminen todos los juegos de azar, aunque me gustaría serlo. Sin embargo, creo que cabe distinguir entre quinielas y loterías tradicionales y las nuevas de juego on-line.

El juego por Internet, ese que promocionó nuestro admirado marqués Del Bosque con su anuncio de una conocida casa de apuestas deportivas (¡quien coño habrá metido en esa cloaca a un tipo que nos caía bien!), o el insultante y repulsivo «¡apuesta, apuesta, apuesta!... ¡piensa, piensa, piensa!... ¡vive, vive, vive!... ¡salta, salta, salta!... ¡póker, póker, póker!» de un tal Sobera, me causan tal repugnancia y me producen tal rechazo que, no hace mucho, a punto estuve de perder unos cientos de euros a causa de la propaganda de ese juego; no por jugar, no, sino por un zapato que le lancé al televisor pues, con los nervios, no encontraba el mando a distancia. Eso sí, sin que mis nietos vieran tal inadecuado proceder.

Jugar a la lotería o a las quinielas (aunque por mí podían prohibir los dos juegos desde ya), pienso que no tiene el nocivo efecto de la inmediatez de los juegos por Internet. En estos, además de ofrecer dinero para que te inicies en el juego -«20 euros gratis, regalo de bienvenida»-, a la juventud le tienta el hecho de que los premios son inmediatos. Puedes jugar continuamente, hasta para adivinar si un jugador se va a lesionar de la pierna derecha o de la izquierda. Y de esa manera se provoca el vicio entre los más jóvenes, a costa de la natural inexperiencia y ambición que conlleva la edad, que a más de uno lo meterá en el lodazal de la ludopatía.