Alharacas


Ahora que a cuenta de las trampas en másteres y doctorados anda el gallinero alborotado y con el ala purista radical dándose golpes de pecho por las calles y bares de este país, convendría recordar que el embuste es deporte nacional, que lo hacemos con pasmosa tranquilidad y sin sonrojarnos, hasta cuando no hay motivo; nos sale de dentro de forma natural, es consustancial al individuo e «individua», fijado a fuego en el ADN español. Y catalán. Que, como en lo del trinque y el soborno, los políticos son tan solo una representación, granada eso sí, de nuestra sociedad, que no son alienígenas que se hayan caído de su nave, por casualidad, en esta roída piel de toro. Sí es verdad que en ese terreno, de tan encomiables lides, por sus características, la luna brilla más y mejor.

Les pongo un ejemplo de andar por casa. A principios de julio se decía que se rozaba el lleno en la hostelería y que casi se ataban los perros con longanizas. A principios de septiembre que agosto había sido mejor y que en cierta medida se paliaba el pinchazo de julio. En el comercio otro tanto. Pero lo curioso es que cuando las cosas van bien también se miente rebajando los datos reales. Pero pasa en todos los sectores y asuntos: cuando se facilitan datos de confianza en la economía, de índices de delincuencia, de datos de empresas -¡el Popular batió records!- grandes y pequeñas,…

Esa es la realidad. Y podemos mirar hacia otro lado y silbar, pero es la realidad. Otra cuestión es que en la política los márgenes de maniobra se ensanchan cual Delta del Ebro. Pero en modo alguno es el principio o el final del problema.

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