Actitud

Estevo Silva SOSPECHOSO HABITUAL

BARBANZA

Este viernes me cité con dieciocho mil almas enfervorecidas y uniformadas de negro en el interior del enorme Altice Arena de Lisboa para ver cómo se entregaban a los legendarios Iron Maiden. No es que yo no estuviese dispuesto a disfrutar de la banda británica, pero pude observar a cientos de auténticos fanáticos que me llevaban mucha ventaja en lo que a veneración se refiere. Y lo entiendo.

A la hora señalada se apagaron las luces y, mientras una voz narraba algo sobre la segunda guerra mundial, un caza de la época a tamaño real se ascendió tras el escenario para sobrevolar a la banda durante la primera descarga.

A partir de ahí, el exceso. El escenario mudaba de canción en canción; el fuego y la pirotecnia eran una constante, los atrezos del gran Bruce Dickinson, infinitos. La aparición del zombi Eddie, el icono del grupo, durante la mítica The trooper luchando a espada con el vocalista, épica.

Pero, en realidad, confieso que eso lo aguardaba. Lo que me sorprendió fue ver como unos señores de más de 60 años mantienen una forma envidiable en el escenario. El bajista, Steve Harris, no envejece. Dickinson tiene la voz de un chaval de 30 años. Los guitarras no fallan una nota, si bien es cierto que Dave Murray tiene un divertido aire a folclórica mística, ahí estaba Gers volviéndose loco con malabarismos varios de guitarra.

Es cierto que había muchos años de experiencia y muchísimo dinero sobre el escenario, pero también había algo mucho más importante para mí, una lección: a esta vida hay que ponerle actitud hasta el final.