El acusado de drogar a dos prostitutas alega que él no les echó nada en la copa

Sostiene que pudieron darles cocaína y MDMA en el club de alterne en el que trabajaban


santiago / la voz

El juicio contra un hombre acusado de drogar a dos prostitutas a las que contrató en un club de alterne de Bertamiráns (Ames) y llevó a su casa en Serra de Outes quedó ayer visto para sentencia. La última sesión de la vista oral había quedado aplazada para que pudiera testificar la forense que hizo el informe psicológico. La perito, experta asignada a un juzgado de violencia de género de Ciudad Real, concluyó que la chica que sufrió las consecuencias más graves del cóctel de cocaína y MDMA -éxtasis- padece un cuadro de estrés postraumático crónico que necesita de tratamiento con ansiolíticos, antidepresivos y psicoterapia. La otra, como vomitó nada más tomarse la copa en la que presuntamente les echaron los estupefacientes, tuvo efectos mucho menores.

La fiscala del caso, Arantxa San José, pide para Cristian I. G. pena muy severas. Cinco años de cárcel por un delito contra la salud pública y dos por otro de lesiones, además de multas. Destacó en su informe final que, pese a que no se relaciona al acusado con el tráfico de estupefacientes, el tipo penal engloba también a aquellos que favorezcan el consumo de estupefacientes por cualquier medio y, más aún, si lo hacen contra la voluntad de otras personas, como supuestamente ocurrió aquella madrugada del 3 al 4 de junio del 2015.

En cuanto a las lesiones, aunque admite que no era intención de Cristian I. G. causar daño a las chicas, sí asumió el posible grave mal que puede derivarse del consumo de sustancias tan peligrosas como la cocaína o el MDMA. «No podemos consentir conductos de este tipo y por los testimonios de otros testigos, sabemos que no es la primera vez que sucedía», señaló la representante de la Fiscalía, que también destacó la condición de «dobles víctimas» de las perjudicadas «que como eran prostitutas les dijeron [el dueño del club, entre otros] que nadie las iba a creer», añadió.

Libre absolución

La defensa de Cristian I. G., por su parte, reclama su libre absolución porque estima que los hechos no son constitutivos de los delitos de los que se le acusan y que, además, no hay pruebas de cargo contra él. Destacó que cualquiera pudo haberles suministrado la droga a las chicas. Ya fuese antes en el club el dueño del local para favorecer que trabajasen, como después en la casa del acusado, ya que en ella estuvo también otro hombre durante un rato. «¿Por qué no se ha investigado esta posibilidad en ningún momento?», se preguntó.

La defensa entiende también que, además de no poder acreditarse que fuese el acusado y no otro el que les echara drogas en una bebida sin que ellas lo supiesen, las denunciantes han incurrido en numerosas contradicciones en su relato y que lo han fabulado. Destacó que es imposible que tuvieran una intoxicación tan severa si, como ellas dijeron, solo bebieron un sorbo de la copa, y que tampoco es cierto que en la casa las tuvieran incomunicadas y que les obligasen a dejar los bolsos con los móviles en una habitación. «Ambas han coincidido en que bajaron a la cocina a hacerse un café, por lo que se movieron por la casa a su antojo», explicó. Cristian I. G. quiso hacer uso de su derecho a tener la última palabra en el juicio para refrendar los argumentos de su abogada y se limitó a señalar que es «totalmente inocente».

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