Un yacimiento prehistórico engullido por la vegetación

Los restos de un antiguo asentamiento en Cabo de Cruz son apenas perceptibles entre la hierba que crece a su alrededor

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Ribeira / La Voz

«O Achadizo era un típico castro costeiro». Así comienza la explicación grabada en un indicador metálico que prácticamente está incrustado en un seto. Es la descripción de lo que deberían ver los ojos del visitante cuando llega a Cabo de Cruz y sube una pequeña cuesta que arranca junto a la casa del mar. Sin embargo, en vez de encontrarse con un yacimiento castrexo, lo que aparece ante su mirada es una superficie perfectamente delimitada cubierta de maleza. Hay que adentrarse en la vegetación para dar con las piedras prehistóricas, aunque el trayecto antes de llegar a la placa tampoco es un camino de rosas, precisamente.

El acceso al castro do Achadizo está precedido de un sendero al que le vendría bien un buen repaso. No solo porque las hierbas nacen por doquier, en las ranuras que dejan las losetas del suelo o entre las escaleras, sino porque el estado de las aceras es claramente mejorable. Las planchas del pavimento están levantadas y destrozadas en muchos tramos, una imagen que no es la mejor carta de presentación para un yacimiento que estuvo habitado entre los siglos VI y I antes de Cristo y que todavía conserva algunas estructuras.

El resto del entorno no es mucho mejor, aunque es cierto que los líquenes que pueblan la piedra son un mal menor comparado con la abundante maleza que lo invade todo.

En cuanto a lo que queda del poblado propiamente dicho, está delimitado por un seto que también está falto de una poda, mientras que la superficie que ocupan los vestigios castrexos está cubierta de hierbas que alcanzan fácilmente los cincuenta centímetros de altura. Aunque no queda mucho, la vegetación impide ver los restos que se conservan de un castro situado en una posición estratégica, que fue excavado a principios de los años 90 y que posiblemente ocupaba la extensión de lo que hoy es el barrio de O Campo.

Todos los años

Preguntado por la falta de mantenimiento en el entorno de O Achadizo, el alcalde boirense, Juan José Dieste, explicó que se realiza al menos una limpieza anual de esa zona, y que se interviene siempre que los vecinos lo solicitan.

Con todo, el regidor también mostró su impotencia para conseguir llegar hasta el último rincón de los 96 kilómetros cuadrados de extensión del municipio. Señaló que está previsto actuar en esa zona, igual que en otras de Boiro, pero añadió que las necesidades se acumulan y que los recursos disponibles son los que son: «Non damos feito».

Mientras tanto, quienes se acerquen a visitar el castro tendrán que conformarse con adivinar lo que queda de las viviendas del siglo VI antes de Cristo escudriñando entre la hierba.

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