Black Friday

Estevo Silva Piñeiro SOSPECHOSO HABITUAL

BARBANZA

20 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Mucha gente se ríe cuando les digo que voy al barbero semanalmente, pero mi escasez de cabello hace que me sienta más cómodo cuando mi cabeza se asemeja a un huevo cocido y no a un kiwi. Además, desde hace unos meses he probado una barbería humilde en la que no es necesario pedir audiencia y que además está ubicada en la calle Bao, lugar en el que me crie y al que uno no deja de pertenecer jamás.

El barbero se llama José, un chaval agradable que, como casi todos los barberos, sabe escuchar y al que a los temas básicos de conversación barberil añade el de la música. Vamos, que en la segunda sesión me tenía captado.

Ayer departimos sobre eso que llaman Black Friday: otra costumbre yanqui importada, como Halloween, Santa Claus y otras tonterías. Es cierto que allí tiene sentido, porque es la antesala de las compras del día de acción de gracias, pero aquí carece completamente de él. Aun así nos lo estamos comiendo con patatas porque se le ha antojado a unas cuantas empresas que han obligado a subirse al carro a todas las demás cuando llevamos dos años comprobando, al menos en mi sector, que es pan para hoy y hambre para mañana.

Muchísima gente aprovecha la coyuntura de este día de rebajas para adelantar las compras de Navidad. En una jornada se factura como casi todo el resto del mes, pero claro, después llega diciembre, un mes tradicionalmente bueno para los comercios y todo el mundo se echa las manos a la cabeza porque se vende mucho menos que años atrás. ¿Y qué esperaban? Parece que este año en la mayoría de sitios van a ser tres días. Tremenda estrategia figuras.