Con el agua no se puede jugar

Ana Gerpe Varela
Ana Gerpe CRÓNICA

BARBANZA

Poco a poco, año tras año, las lluvias han ido desapareciendo del territorio gallego. Puede que al principio nadie fuera demasiado consciente, pero ha sido un proceso paulatino. Si nos paramos a pensar, ya hace unos años que, una vez concluido oficialmente el verano, en las conversaciones de la calle puede escucharse: «Ata novembro aínda haberá bo tempo». Y, efectivamente. La afluencia a las playas comienza cada vez un poco antes y la marcha se va retrasando cada vez más. A este paso parecerá esto el Mediterráneo, donde la temporada dura los doce meses del año.

En estas circunstancias, el mito de que el agua era en Galicia un bien inagotable se ha derrumbado por completo. Nunca fue un recurso eterno, pero ahora la situación no está como para permitirse licencias. Hay que comenzar a pensar ya en un cambio de hábitos, porque puede que el próximo lunes la comunidad se vea afectada por la cola de un huracán y llueva durante una semana, pero puede que a partir del paso de ese frente regrese la sequía durante interminables semanas.

Con el agua no puede jugarse y está claro que Galicia está dejando de ser el territorio de la lluvia.

Por eso, sorprende que en los ayuntamientos de la comarca todavía no se hayan adoptado medidas para reducir el riego, el baldeo de las calles o el consumo por parte de los vecinos. Llama la atención porque algunos dirigentes locales reconocen que la situación es preocupante, pero nadie ha comenzado a mover ficha.

Es cierto que las captaciones de agua de los ríos todavía resisten y que aunque hay un descenso espectacular del líquido elemento en los embalses, por ahora el suministro está garantizado. Pero, yo me pregunto, ¿no sería conveniente comenzar a abordar el problema antes de que no quede más remedio que cerrar la llave de paso y dejar en seco a un montón de habitantes?.

El hábito de moderar el consumo de agua no se consigue de un día para otro, especialmente en un lugar como Galicia, en el que culturalmente no existe la costumbre de escatimar el consumo de este líquido imprescindible, pensando que el agua no iba a faltar.

No solo ha llegado el momento de adquirir nuevos hábitos, sino de invertir en la optimización de este recurso. Es importante que las conducciones de agua estén en buen estado. Cada rotura supone la pérdida de muchos litros y, desafortunadamente, son muchos los kilómetros de tuberías antiguas en las que, con demasiada frecuencia, se producen pérdidas de agua que podrían evitarse.

Todo parece indicar que las cosas están cambiando y habrá que empezar a tomar medidas.