La Feira Celta se consagró en O Son

p. bretal RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

El cierre de la última jornada de esta cita demostró que sigue sumando adeptos cada año entre los turistas y vecinos

31 jul 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Como si se tratase de una amenaza o de una invitación lúdica forzosa, así comenzaron a sonar los tambores por las calles del centro de Porto do Son, que invocaban a unos rayos de sol que se habían resistido a aparecer los dos días anteriores. Pero el astro rey aguardaba al punto álgido de la danza de dos malabaristas para coronar el cielo e inundar de luz la última jornada de la Feira Celta. Y del frenesí final de los saltimbanquis y las últimas melodías surgieron los haces que iluminaron a las rebosantes plazas de la localidad y que confirmaron lo que muchos pensaban. Esta celebración histórica se ha consagrado como una cita ineludible en toda la comarca.

Si bien es cierto que las inclemencias meteorológicas no habían logrado echar atrás al público durante el arranque de la feria, ayer el mercado tradicional, que se había dispuesto a lo largo de las principales arterias sonenses, estaba repleto de familias que acudieron con sus pequeños a disfrutar de las numerosas actuaciones que se sucedían periódicamente.

Los pasacalles, a cargo de artistas caracterizados de época, hicieron desfilar a arlequines, guerreros, druidas y juglares que escenificaron desde un desembarco normando hasta una bacanal acompañada de un mágico fauno.

Para los pequeños

Entre tanta música y baile del pasado, se configuraba un clima perfecto para perderse entre los ríos de tenderetes donde uno podía hacerse con productos de la mejor gastronomía artesanal -embutidos, quesos o repostería con denominaciones de origen de todo el territorio nacional- o incluso comerse un bolo preñado recién cocinado en un horno de leña.

Saciar el apetito se convertía en algo fundamental para poder disfrutar de las diversas actividades que albergaba la Feira Celta. Los padres pudieron observar cómo sus chiquillos se entretenían en el espacio habilitado para ellos, entre juegos populares y barcas vikingas de madera. Tampoco faltaron los espectáculos para los niños, con especial relevancia el de un pirata que les proponía retos tan variopintos como tocar cinco cabezas de sus compañeros y así llevarse la victoria, aunque fuese moral.

El patio de armas habilitado en la plaza de Rosalía de Castro volvió a acaparar la atención de los visitantes que, como si se tratase de un safari viajando en el tiempo, alzaron sus smarthphones para luego poder enseñar en casa cómo se lucha correctamente con un hacha o cómo se debe sujetar una lanza antes de arrojarla al enemigo. Hasta los artesanos allí reunidos dejaron un momento sus trabajos gremiales para tomar nota.

Mientras uno se alejaba de la fiesta, podían escucharse los primeros «para el año repetimos».

La Castrexa de Boiro y la Artemar ribeirense, las últimas citas

Todavía quedan un par de citas para que el calendario de fiestas medievales se cierre en Barbanza. Entre el 11 y el 13 de agosto tendrá lugar la Feira Castrexa de Boiro, una iniciativa que se desarrollará en torno al mercado artesanal que se montará en la calle peatonal de la localidad y que estará animada por diversos espectáculos callejeros.

Y del 17 al 20 de agosto pondrá el broche a la remontada de Barbanza a épocas pasadas Artemar, la feria promovida por el Concello de Ribeira y que está relacionada con la cultura marinera. En esta cita destaca el papel protagonista que juegan las asociaciones locales, a las que se les ofrece la posibilidad de participar activamente.