Feijoo

Maxi Olariaga LA MARAÑA

BARBANZA

25 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

erdida por completo la fe en «esta democracia», esa misma falta de esperanza, me hace ver las cosas desde una perspectiva diferente. Así contemplo todas las desgracias que como rayos destructores generados por una tormenta histórica, han ido derribando piedra a piedra la casa común en la que todos nos creíamos libres y libres creíamos a los demás. Pero, claro, no contábamos con ellos. Esos a los que elige la mayoría para llevar con honradez y justicia el timón de nuestra nave insobornable. Sin salir de la nación gallega, sentí náusea al escuchar al timonel Feijoo doliéndose por la triste situación de su amigo José Luís F. Gayoso que estos días ha ingresado en prisión con su banda por haber asaltado, desde dentro y con impunidad total, Novacaixagalicia.

Sin entrar a valorar la exigua pena a la que fueron condenados a tenor de la cuantía de la que indebidamente se apropiaron, me pasma este dolor, este llanto del presidente por el encarcelamiento del anciano Gayoso con el que -se queja amargamente Feijoo- no se ha tenido misericordia ni compasión. Pero, ¿acaso Feijoo se ha detenido a pensar, aunque solo fuese un segundo, en los ancianos timados por esta banda de amorales? ¿Ha pensado este en la angustia de todos los perjudicados, en sus noches insomnes, en sus lágrimas de rabia? Dígame, señor Feijoo: ¿Dónde está su compasión para con ellos? ¡Pero si ni siquiera los ha recibido a pesar de las múltiples peticiones que le hicieron! ¡Qué desvergüenza! Y este, dicen, es el heredero, el deseado para que un día se avecine en La Moncloa. ¡Que desfeita, miña naiciña!.