Ni Su ni Sa

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

BARBANZA

Susana Díaz se abrasó en la pira en la que los barones quemaron a Pedro Sánchez en aquel fatídico comité federal del 1 de octubre. Desde entonces, se ha postulado como imposible costurera de un PSOE al que hicieron jirones. Una parte de la militancia y de los votantes socialistas, que es difícil de cuantificar pero en todo caso significativa, como detectan las encuestas, no le perdonan que encabezara la rebelión interna contra el secretario general elegido por las bases y, menos aún, que el resultado fuera facilitar el Gobierno a Mariano Rajoy. Por su parte, Sánchez acumuló en su mandato una larga lista de enemigos que a la postre le hicieron caer. Su defensa numantina del «no es no» le enfrentó a los poderes fácticos, económicos y mediáticos, los barones y los santones del partido, con Felipe González a la cabeza. Con los puentes rotos, parapetado tras un grupo de fieles, estaba sentenciado. La defenestración era cuestión de tiempo. Una vez laminado, su precipitada intervención en Salvados resultó devastadora para sus aspiraciones futuras, con su increíble y patética rendición ante Podemos, a pesar de que fue Pablo Iglesias quien le impidió ser presidente del Gobierno, y su apuesta suicida por negociar con los independentistas. Aquellos fieles de antaño le han ido abandonando uno a uno como si fuera un apestado. Ni Su (Díaz) ni Sa (Sánchez) pueden representar un PSOE reconstruido y unido porque ambos contribuyeron a dividirlo. En ese contexto anuncia su candidatura Patxi López, un pata negra socialista con amplia experiencia política e institucional, que fue militante activo del sanchismo pero acató la abstención a Rajoy y goza de respeto en el PSOE. Pretende representar una tercera vía frente a Su y Sa, pero corre el peligro de que una militancia muy polarizada considere que no es ni fu ni fa.