Granito a granito

Javier Romero Doniz
Javier Romero CRÓNICA

BARBANZA

Hay noticias que son igual de cíclicas que, por ejemplo, la siempre polémica apertura prematura de la veda para coger centolla. Otro de los titulares que siempre llega, coincidiendo con esta época del año, supone una demostración de generosidad altruista y de, ya puestos a reconocer méritos, humildad y discreción por lo silencioso y eficaz que resulta el trabajo de algunas entidades. Me refiero a la recogida de alimentos, o de cualquier iniciativa que se acuerde de los que menos tienen. Solo en la comarca, y por buscar cifras que apuntalen esos titulares cíclicos, colectivos como Cáritas, a través de sus diferentes agrupaciones repartidas por los concellos, suman 18 toneladas de alimentos. Casi nada... Se trata de una prueba más de lo generosa que puede ser la condición humana, que no duda en abrir la mano cuando la necesidad aprieta. Y claro está, si a uno le piden un granito de arena, cuando en casa tiene un bote cargado de áridos, lo normal es que se vuelque, como mínimo, dando ese granito y otros muchos que le sobren. ¿El motivo? Favorecer a los que menos tienen para que, al menos, en las fechas señaladas que están por llegar tengan algo caliente para llevarse a la boca. Pero más allá de los titulares propios de la Navidad, tanto Cáritas como Eloraj, en Ribeira, se encargan de trabajar también durante buena parte del año. Y eso, más allá de la eventualidad propia de las fiestas citadas, tiene todavía más mérito.

Otro punto a favor de estos colectivos es que, además de buscar la esplendidez entre particulares, hacen de enlace entre las muchas empresas que se reparten por los cuatro costados de la comarca y los más necesitados para que, atendiendo al potencial de cada firma, también aporten, aunque en este caso más que un granito de arena, un puñado. Y es que toda ayuda es poca cuando se trata de evitar que la gente pase hambre, ya sea en Navidad o cuaresma. Resulta igual de loable sacar a colación la actividad que se lleva a cabo en supermercados o en colegios que no hacen oídos sordos a la marea de solidaridad que desde hace décadas lo invade todo a medida que se acerca la Nochebuena. Lo que también resulta necesario recordar es que los interesados en aportar alguno de los granos de arena que sobran en sus despensas todavía están a tiempo de entregarlos para seguir aumentando esas 18 toneladas de alimentos ya almacenados. El objetivo, claro está, es que sirvan para satisfacer todas las necesidades que surjan hasta la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar, pero, ya puestos a pedir, mejor sería que todos los vecinos de la comarca interiorizasen que el hambre es un problema que puede surgir todos los días del año de no haber sustento, por eso se ruega la aportación de cuantos más granitos de arena mejor para dosificarlos para vivir en un mundo mejor.