Mientras en la ría de Arousa las buenas noticias se agolpan en los despachos de las cofradías con la apertura del bou de vara o de la campaña marisquera en Ribeira, en el otro lado de la comarca barbanzana la llegada de la marea roja provocó que unas 1.500 personas se quedasen momentáneamente en el paro.
La campaña en los arenales noieses no estaba siendo nada fácil, pues el precio del berberecho no era el que se esperaba. Aún así, los profesionales se defendían y llevaban un jornal a casa. Pero una vez más, la naturaleza les ha jugado una mala pasada. La toxina invadió los bancos marisqueros y cortó de raíz la actividad.
La comarca noiesa tiene una gran dependencia de la actividad extractiva. No en vano, son unas 1.500 personas las que se dedican a ella en la zona. Además, comercios de todo tipo dependen en gran medida de los ingresos de los productores, por lo que se mueve mucho dinero.
Calculan que las pérdidas diarias son de unos 200.000 euros. Esta cantidad es sumamente importante para la economía de la comarca y, en especial, de Noia. Muchos profesionales necesitan el dinero para hacer frente a los diversos gastos que normalmente afrontan al inicio de la campaña extractiva. Los berberechos suelen ser el sustento para todo el año, y las jornadas en las que no se baja a los arenales ya no se vuelven a recuperar aunque el marisco siga estando en el mar.
Los sobresaltos son continuos en este colectivo. Es difícil mantener la tranquilidad en un sector que está en alerta permanente. En esta ocasión es la toxina, pero hay todo tipo de condicionantes que no se pueden controlar y que dejan a todo un colectivo tiritando.
El trabajo de mariscador es duro, pero más duro es que te impidan faenar por cuestiones ajenas y que no se pueden controlar. Los productores, si no cogen bivalvo, no cobran, y tienen hijos y obligaciones como todos.
El mar vuelve a imponer su ley. Estos días es la marea roja, pero en otra ocasión serán los temporales los que pongan en jaque a la empresa más importante de Noia. Es ley de vida, sí, pero también es complicado estar casi siempre a expensas del tiempo o cuestiones externas que son impredecibles. Los mariscadores aplican la resignación como su mejor medicina. No queda otra.
Las pérdidas serán cuantiosas cuando vuelva la normalidad. Mientras, los afectados deberán afrontar sus obligaciones como puedan. Son imponderables que hay que asumir a la hora de sacar el permiso de explotación para bajar a los arenales. Los recursos naturales seguirán en el mar, pero esas pérdidas no se recuperarán y eso se dejará notar una vez más en los bolsillos de los productores.