Pena


¿Cómo no me voy a alegrar cuando un multimillonario dona varios cientos de miles de euros a una causa benéfica? Me parece fantástico. Ahora bien, desde mi punto de vista, hay mayor generosidad en dar cuando no te sobra. Creo que conozco a algún ribeirense más generoso que Amancio Ortega, porque no se trata de lo que des sino de lo que te cueste darlo.

Pongamos como ejemplo de dicha generosidad a nuestro vecino José Manuel Pena, uno de los pilares de la plataforma Stop Desahucios Barbanza, plataforma que ha evitado unos 150 desahucios no solo en el Barbanza, también en sitios como Combarro o Padrón. Pena le dedica a esta asociación tanto tiempo como el que dedica a su trabajo. Hace de gestor, defensor, psicólogo, amigo y abogado de personas que van a perder su techo, se desplaza en su coche junto a cualquier afectado y no le pregunta si ha vivido por encima de sus posibilidades: si hay una familia que va a perder su casa, la ayuda.

«Primero que los niños tengan para comer y para vestirse, luego la hipoteca».  Me dijo el día que nos conocimos y me ofreció las croquetas que Joaquín nos había puesto de tapa en el Malecón. «Habrás visto situaciones terribles», le comenté. En su lenguaje corporal, en su amplia caja torácica donde caben su corazón y el de las familias a las que ayudó pude leer aquella frase que escribió Ana Frank en su diario: «A pesar de todo, sigo pensando que la gente es buena». Esperanza.

Cuando llegué a casa no pude dejar de preguntarme si el día que me tome algo con Amancio Ortega en el Malecón me cederá tan generosamente su tapa de croquetas.

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