Veneno (y 2)


Que un individuo como Rafael Hernando, portavoz parlamentario del PP, comience su defensa de la investidura de Mariano Rajoy, citando al sabio emperador Marco Aurelio: «La sabiduría es el arte de aceptar aquello que no puede ser cambiado, de cambiar aquello que puede ser cambiado y, sobre todo, de conocer la diferencia», es de traca dicho por un desabrido como Hernando que se ha saltado todas las normas de la ética política acusando zafiamente a los que «se han acordado de sus padres cuando ha habido subvenciones para encontrarlos». O que llamó «payaso ilustrado» al juez Garzón (con lo que respetan en su partido a los jueces) o que, en una ocasión en 2005, intentó agredir al diputado Rubalcaba, hecho que fue evitado al interponerse sus compañeros del PP Ángel Acebes y Eduardo Zaplana.

Nombrar portavoz del Partido Popular a este provocador de spaguetti western es otro de los síntomas de que algo cruje en sus intenciones políticas. Y no solo por este lenguaraz Hernando. Echen la vista atrás y tiemblen comprobando la lista de portavoces parlamentarios del PP. Con estas gentes, ¿cómo puede pretender don Mariano que le voten? Hasta Aznar, con su acritud y antipatía, llegó a acuerdos con vascos y catalanes. La prepotencia, el insulto y la voladura de puentes con la periferia han destruido todo diálogo. Y no vale culpar como un martillo pilón al contrincante.

El que se presenta es Rajoy y, por ende, él es quien tiene que buscar los pactos. Con emisarios como Rafael Hernando y compañía no conseguirá otra cosa que inocular otra dosis de veneno en la sociedad. ¿Y la corrupción? ¡Aquí no ha pasado nada!.

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