Cerezas con aderezo

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

Si a los chinos les colgamos la etiqueta de ser los mejores replicantes de todo tipo de productos, desde los objetos decorativos a la tecnología más avanzada, sin duda los gallegos somos los amos en replicar negocios. Ellos fusilan las cosas y nosotros fusilamos los conceptos, que ya lo dijo Manquiña.

Viene esto a cuento porque desde hace unos años para acá están floreciendo en los arcenes de cualquier vial que se precie los puestos de cerezas. Brotan en temporada con el brioso rojo pasión de la cereza y luego se reconvierten, algunos, a la sandía y el melón.

Ya los hay que incorporan de serie las nueces y las naranjas. Y en poco, no lo duden, se sumarán productos variopintos para los turistas y los autóctonos despistados. Eso sí, en vez de cerezas del Bierzo yo propongo algo más acorde con las nuevas tendencias: prunus avium con abundante rocío de carbonilla maceradas por las clemencias e inclemencias medioambientales.

Lo que me resulta curioso es que los mandamases de Tráfico no hayan reparado en ello, o bien para intentar cercenarlo por el pie, cual toro de Osborne; o para crear alguna tasa ad hoc con la que ayudar a satisfacer el voraz apetito de ese monstruo glotón que es la España del trinque.

De lo que no tengo duda es de que esa no es la forma más higiénica de mostrar y vender la fruta. Seguro que a quienes tienen fruterías les hará poca gracia que tantos se salten todas las normas a la torera mientras a ellos les exigen su cumplimiento al detalle. Se empieza tolerando una actividad temporal de los productores en las zonas de origen y se acaba con mercadillos de carretera.