Mucho más que un Camino

A. Gerpe CRÓNICA

BARBANZA

La consideración de Noia como Portus Apostoli está suficientemente documentada, de la misma manera que lo están el paso de peregrinos por tierras de Lousame y sus paradas en el monasterio de Toxosoutos. Los motivos por los que esta variante del Camino Inglés no está reconocida como una ruta oficial seguro que tienen poco que ver con la historia y mucho que ver con otro tipo de juegos de poder.

Es legítimo que se apueste por su reconocimiento y positivo que no pretenda hacerse desde el individualismo que caracteriza al carácter galaico, sino desde la unidad.

Las rutas hacia Santiago, al igual que hacia Fisterra, llevan unos años en pleno auge, como lo demuestra el aumento incesante de peregrinos. Lo que mueve a una gran mayoría de los caminantes no es una cuestión religiosa, sino cultural. El Camino tiene algo especial y así lo reconocen quienes lo han completado en su totalidad o quienes, simplemente, han realizado alguno de sus recorridos, sin ánimo alguno de obtener la famosa Compostela. Está revestido de sorpresas, de encontrarse con lugares únicos, con elementos patrimoniales que embriagan a la vista y con personas cuyo recuerdo pervive a través del tiempo.

El Camino es mucho más que pegarse una panzada de kilómetros, es la esencia de quienes contribuyeron a su realización, bien fuera por la parte inglesa, francesa o portuguesa. Todos aportaron algo para hacerlo grande.

Por eso no puede caerse en la tentación de convertirlo, simplemente, en un reclamo turístico, para eso ya están los parques temáticos, los cruceros y otro tipo de ofertas similares, que en la actualidad las hay a montones, para todos los perfiles y todos los bolsillos.

El Camino no debe convertirse únicamente en un negocio, porque entonces perderá el sentido que lo ha convertido en ese foco de atracción. Si suscita el interés de personas procedentes de los más diversos rincones del planeta es, precisamente, por su carácter único, porque no es un circuito en el que todos viven la misma experiencia, sino que cada uno vive la que quiere vivir.

Es positivo reivindicar el Camino a su paso por la comarca porque es de justicia, pero no cabe esperar que sea ese elemento que atraerá a cientos de personas a la zona y propiciará que afloren los establecimientos hoteleros, los restaurantes y las tiendas de venta de recuerdos. Que lleguen visitantes, perfecto, que se hospeden en la zona, maravilloso, pero que no sea ese el único objetivo, porque entonces, muy probablemente, quienes se marquen eso como meta de su reivindicación acabarán desilusionados.