Cada vez más alejados de los niveles de protección social que, por ejemplo, tienen en los países del norte de Europa, el trabajo social y altruista está combatiendo las carencias de una Administración empeñada en echar mano de la calculadora para ir eliminando, poco a poco y al despiste, aquello que le cuesta dinero y no le da réditos. Sé que desde cualquier Administración se negará la mayor, pero la realidad es que los pensionistas cada vez deben hacerse cargo de más coberturas, que antaño tenían cubiertas. Menos mal que como dentro de Europa somos un país del sur y no del norte tenemos tendencia a hacer piña, en lugar del aislamiento del hielo, y hay un batallón de trabajadores sociales y altruistas que se encargan de ofrecer de forma gratuita lo que las Administraciones van recortando.
En la comarca, sin ir más lejos, la población en edad de jubilarse duplica a la menor de 14 años, 28.969 frente a 14.039. Aumenta la gente mayor que vive sola, a veces sin parientes cercanos, y es una entidad como la Cruz Roja la que se encarga de poner a disposición de estos ciudadanos un servicio de atención para que, por lo menos, alguien vaya a socorrerlos en el caso de que, por ejemplo, se caigan en el baño y no puedan levantarse.
Lo mismo sucede con los ciudadanos que padecen algún tipo de discapacidad. Son asociaciones las que se encargan de favorecer su integración social. Es cierto que estas entidades reciben fondos de la Administración para atender a estos vecinos. Fondos insuficientes, como recuerdan los dirigentes de los colectivos que día a día se topan con la realidad de tener que admitir a personas para que no se queden en sus casas, como si no pertenecieran a esta sociedad.
¿Alguien se ha planteado qué sucedería si desapareciesen en la comarca los colectivos que ahora realizan esta labor? Mientras tanto, la Administración habla de integración y de igualdad y en la Fundación Down Compostela deciden entregarle un galardón al Concello de Rianxo por ser la primera Administración pública del área de influencia de Compostela que apostó por la integración laboral de personas con esta afección. Desde luego, solo cabe felicitar al Ayuntamiento rianxeiro, y darle un tirón de orejas a todas las demás Administraciones, provinciales, autonómicas y municipales porque, a ese tan mencionado camino de la integración y de la igualdad no parece que estén contribuyendo de forma decidida.
Después de tantos actos simbólicos y discursos políticamente correctos, estaría bien que se pasase a la acción para, de forma efectiva, construir entre todos una sociedad en la búsqueda de que, por lo menos, sea un poco más igualitaria.