Lo que se veía venir está a punto de hacerse realidad: el territorio barbanzano sin alcaldías socialistas. La de Noia estaba cogida con dos frágiles pinzas y, salvo sorpresa mayúscula, el día 17 será la despedida al único bastón de mando del PSOE. Hace años que, desde estas páginas y por el mismo que suscribe, se venía advirtiendo sobre la deriva sin rumbo de la formación del puño y la rosa y la necesidad de aplicar tres erres: reflexionar, renovar y refundar, pero se ha dejado pasar el tiempo, no se ha actuado contra la erosión y ahora se intuye un camino largo e incierto, carente de liderazgo, tanto a nivel comarcal como local.
¿Quién recuerda aquellos tiempos de las siete alcaldías, entre ellas las tres más importantes (Ribeira, Boiro y Noia)? Pues ahí están, en la historia de la democracia, para escarnio de quiénes no supieron o no quisieron preservar el legado tomando decisiones alejadas de la ciudadanía, poniendo candidatos a dedo y sin contar con la militancia, desvirtuando los apoyos del electorado.
¿Qué ha quedado de aquel PSOE? Me esfuerzo por buscar algo positivo y no lo encuentro, mire por donde mire. Lamentablemente no ha quedado ni el más mínimo rastro, y muchos de aquellos que contribuyeron a escribir las mejores páginas de su historia no quieren saber nada porque se marcharon dolidos, cuando no insultados, expulsados o denigrados.
Hace ya demasiado tiempo que empezó la deriva y no hay indicios de que nadie con un mínimo de solvencia vaya a ponerse a los mandos para recuperar el rumbo en la maltrecha nave. Y es que está tan mal el PSOE que ni siquiera las operaciones de estética le sientan bien: ¿Cómo es posible que de unas primarias, en vez de salir un líder, surja un saco de boxeador en el que se golpea a diestro y siniestro? ¿Cómo puede ser que, en aras de una libertad de expresión mal entendida, las críticas más feroces surjan de las propias filas, en lugar de afuera?
Da la impresión de que el socialismo que conocimos en los albores de la democracia toca a su fin, aunque realmente de aquel socialismo ya no queda nada, solo unas siglas que se engañan a sí mismas y unos dirigentes con pies de barro, que duran menos que una piruleta en el patio de un colegio.
Vendrán de nuevo a decir que son víctima de conspiraciones mediáticas, económicas y, si me apuran, hasta celestiales, porque es más fácil buscar culpables externos que dentro de las propias filas.
Señores socialistas barbanzanos, reflexionen, renueven, refundan y regresen limpios, sin prisas pero sin pausa, porque analizando objetivamente la historia de la democracia es fácil convencernos de que hacen falta.