Falsos mitos del alcoholismo

Juan Ordóñez Buela DESDE FUERA

BARBANZA

Las noches de copas y botellón están repletas de falsos mitos en torno a las estrategias que hay que poner en práctica para mitigar los efectos del alcohol y poder conducir. ¿Dejar que pasen una o dos horas antes de coger el volante? ¿Combinar con otras bebidas? No son más que leyendas que ponen en peligro a los demás.

Algunos creen que beber agua en abundancia o tomar café amargo después de haber ingerido alcohol sirve para quitar la borrachera. Falso. Solo el tiempo elimina los efectos. Igual de inútiles son estrategias como ingerir una cucharada de aceite de oliva, hacer ejercicio o ducharse en agua fría. No funcionan.

Una creencia muy extendida apunta a que el alcohol mezclado produce efectos menos perniciosos. El popular cubata, en otras palabras. No hay que olvidar, sin embargo, que la cantidad de alcohol en el vaso es la misma y que el hecho de que la copa sepa menos a licor no implica que haya menos.

Bebo, espero una hora, me pongo al volante y no pasa nada, piensan algunos. El tiempo cura la borrachera, es cierto, pero depende siempre de la cantidad de alcohol ingerido. Para superar los efectos de dos copas, por ejemplo, el tiempo de espera es de tres a cuatro horas. Otra idea peligrosa es la de que el alcohol da fuerza y energía. Nada más lejos de la realidad.

La sensación de euforia que se produce al comienzo es engañosa y más adelante es invariablemente reemplazada por lo que popularmente se conoce como bajón. Más alcohol, más bajón. Para evitar sensaciones lo mejor que se puede hacer es no beber.