Ha llegado el día, el final de una cuenta atrás que empezó mucho antes del comienzo de la campaña electoral. Si me apuran, hasta diría que, en realidad, nuestros representantes dedican prácticamente todos los días que están en sus cargos, si quiera unos minutos cuando las urnas aún están lejos, a trabajar al electorado para seguir en sus puestos. ¿Será la erótica del poder? Vaya usted a saber.
Pues hoy será la novena ocasión que los ciudadanos podamos votar a nuestros representantes más próximos, a esos que les vemos la cara habitualmente en nuestro día a día, en la panadería, en el bar... a los que, incluso, llegamos a contarles las vicisitudes de cuestiones que les son ajenas, que suelen escuchar tal psicólogos; a los que hasta llegamos a exigir que se conviertan en Rajoy, Sánchez, Iglesias, Riveras, etcétera, para que nos hagan la vida más llevadera.
Las personas a las que hoy vamos a premiar con nuestro apoyo no nos hablan a través de plasmas, ni están separadas por cordones de seguridad, no viajan en coches blindados y con los cristales tintados. No, no son aquellos tan lejanos. En realidad somos nosotros proyectados en ellos para ocupar unos puestos que muchos de los que votamos no queremos ni regalados para no soportar lo que nosotros mismos llegamos a opinar sobre ellos, porque es más fácil criticar que mojarse o echar una mano, porque creemos que si se presentan tenemos derecho a cargar sobre ellos nuestras frustraciones.
Todos y cada uno de los ciudadanos que han impreso sus nombres en esas papeletas que podemos ver en los colegios electorales se merecen la gratitud de quienes creemos que la «defectuosa» democracia es el mejor sistema de convivencia, y la forma más valiosa de reconocer su valentía es acudiendo allí, a donde están expuestos, al menos para desearles que tengan un buen día, que en ellos quedará depositada nuestra confianza durante los próximos cuatro años y que, una vez finalizados, volveremos a actuar en consecuencia, aunque sea a través de otra papeleta. Porque todos se merecen nuestro reconocimiento, pero no todos podrán ejercerlo en primera línea.