Las drogas son una lacra social y el temor a sufrir sus consecuencias nos invade a todos. El problema surge del mal uso de las sustancias y su comercialización ilícita, ya que el tráfico de drogas genera imperios. En el pasado fue la sorpresa y espanto de familias destrozadas. Dolor, rabia, impotencia.... Nos cogió a todos desprevenidos y se perdió una generación entera. Aparecen los primeros movimientos de lucha contra las drogas, la gente se moviliza y el coraje de las madres frente a la droga hace nacer a la Asociación Antidroga Renacer. Son días de colaboración policial frente al narcotráfico, reivindicación del endurecimiento de penas, inicio del programa de atención jurídico-social al drogodependiente y llamamiento a la unión de los colectivos de lucha contra la droga, educadores, sanitarios y población en general. Concienciación, asistencia a los enfermos y sus familias, y nuestra mejor arma: la prevención. También irrumpió el sida: un nuevo frente a combatir. Informar de la mejor manera de prevenir y la puesta en funcionamiento de los programas de intercambio de jeringuillas y sexo seguro se volvió una prioridad.
En el presente las drogas siguen en todos los estamentos sociales. La lucha continúa abierta. Ahora estamos preparados para afrontar el problema de las adicciones: asociaciones, unidades asistenciales, centros especializados, etcétera. Sabemos que de las drogas se sale si se quiere y con esa esperanza seguimos luchando. Aunque con obstáculos, principalmente los recortes económicos que nos impiden abordar el problema en toda su extensión.
El futuro. Pasa por la prevención y la formación, leyes más represivas y repulsa a los narcotraficantes. Cuando el conocimiento es universal hay bases que nos unen para la lucha. Por eso quiero dejar aquí estas palabras de Álex Rovira que, seguro, ayudarán a entender nuestra forma de actuar: «A menudo una voz amable y sincera es más terapéutica que cualquier medicamento. Un gesto y una voz adecuada pueden cambiarnos el humor en un instante. La palabra nos lleva de la risa a la alegría, a la ternura, y al humor desde lo más inesperado. Pero lo más milagroso que ocurre con las palabras es que nos pueden curar. Con la palabra podemos hacer nuestra alquimia interior: aliviar dolores, lidiar con nuestras dudas, rabias y culpas, concluir duelos, sanar heridas, convencer miedos; soltar yugos, terminar con esclavitudes interiores y exteriores: liberar y liberarnos».