Anadie se le escapa ya que la crisis que sufrimos está pasando factura a todos los sectores empresariales y, especialmente, al pequeño comercio debido a una disminución del consumo de las familias. En este contexto, parecería razonable que las rebajas fueran una época de buenas ventas; cierto es, que el comerciante ya no espera largas colas y codazos en los primeros días, pero sí que tras unos primeros meses del año de pocas ventas este período de rebajas estival hiciera repuntar las cifras.
Es extraño que esta disminución de las ventas se produzca cuando los descuentos de los comercios son cada vez mayores o cuando la oferta de productos es cada vez mas alta por no haberse vendido en temporada, pero la caída del consumo, unida a factores como la proliferación de descuentos, las ferias de stocks y los outlet han sido decisivos en la disminución de las ventas.
Al margen de la crisis, las soluciones no se antojan fáciles, ya se ha hablado en reiteradas ocasiones y en diversos foros de la conveniencia de retrasar las rebajas, pero esta solución resulta difícil de plasmar al ser una normativa autonómica la que regula los períodos de las mismas y al no existir un amplio consenso en el sector.