Lo que para unos es abandono para otros es preservación del hábitat
20 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Hay muchas maneras de visitar el parque natural. Si se recorre con los ojos del turista, posiblemente, lo que más llame la atención sean las dunas, donde la belleza del paisaje es tan impresionante que se lleva por delante cualquier cuestión negativa. De todas formas, no es oro todo lo que reluce. Si uno anda por las proximidades de la playa de O Vilar, al igual que este viernes lo hacían los escolares de un colegio gallego, se topará con un cartel informativo muy completo. Hacia la derecha tal; hacia la izquierda cual... En ese panel, por ejemplo, aparece una fuente. Uno se pone a buscarla. Y acaba deseando no haberlo hecho. ¿Por qué? Resulta que el espacio, de piedra, está totalmente lleno de silvas. La maleza apenas permite poder acercase al lugar donde mana el agua. Dicen quienes conocen bien la zona que eso se arregló, pero que luego «deixaron que todo se fora a perder, como fan sempre».
Hasta ahí, la zona turística. ¿Qué pasa si uno recorre el parque con los ojos de uno de los propietarios de las fincas? Amén del problema de los jabalíes ya retratado, se topará con otras cuestiones. Por ejemplo, los dueños de terrenos señalan que los ríos se limpian de maravilla hasta que llegan al espacio del parque natural. Entonces, se dejan estar. Según ellos, el hecho de que la vegetación campe a sus anchas acaba provocando inundaciones. En cambio, si se pregunta a la directora del parque natural, señala que se limpia de forma constante la basura y precisa que lo que no se puede hacer es desbrozar el bosque de ribeira.
Las tradiciones
Por otra parte, los propietarios también denuncian que les prohíben llevar a cabo tradiciones que para ellos son indispensables. En Carreira, por ejemplo, hablan de que toda la vida se «baixou a lagoa», es decir, que le quitaban agua para que llegado el invierno no desbordase y el agua acabase por encima de las fincas. Sin embargo, ahora les ponen trabas para hacerlo. La directora del parque señala que a veces las tradiciones lo que hacen es degradar el medio ambiente. Y habla de que, precisamente, por culpa de prácticas poco recomendables se fue colmatando la laguna.
Finalmente, si se ve el complejo con los ojos de un amante de la naturaleza, hay lugar para cierto optimismo. Un día cualquiera de la semana, uno encuentra cosas como la que sucedía el jueves: unos operarios estaban acotando un espacio junto a la playa de O Vilar. Le ponían una especie de valla naranja. Al parecer, es para proteger los huevos de la píllara, que los pone en los mismos lugares a los que le gusta ir a los turistas.