Un viejo amigo, ya desaparecido, solía decir meneando la cabeza cuando un asunto no marchaba demasiado bien, según su criterio: «Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa». Esta frase es de aplicación perenne. Recordé a mi amigo y sus palabras cuando en una misma semana comprobé la impresentable manera que algunos políticos tienen de arañar votos provocando la tendencia a su favor. En este caso se trata de políticos del PP, pero quiero dejar constancia de que en los desagües de los laboratorios de ideas de todos los partidos, hierve el detritus de mucha mala baba.
Vamos al asunto. Primer intocable. El idioma, la lengua de cada nación, en este caso la gallega es intocable. Es sagrada y en modo alguno puede ser utilizada desvergonzadamente para apañar votos donde y como sea. El secretario Negreira del PP sale ahora en la foto con el topónimo La Coruña, ufano y sonriente, cometiendo una flagrante injuria contra su propio idioma. Una infamia.
Esta contraposición La Coruña/A Coruña no es un chiste. Es un derecho humano y constitucional que debe ser respetado. A Coruña es el topónimo que denomina a esa capital quiera o no quiera el señor Negreira del mismo modo que su apellido no es Negrera. Así es que el idioma no es un instrumento de confrontación política ya que es común a todos y se debe a una normativa de obligado respeto. El señor Negreira por lo que se ve no merece respeto alguno. Xaquín Marín en uno de sus chistes hacía decir al viejo Isolino algo así como: «Non habería problema só con amar un pouco a nosa fala». De esto el señor Negreira nada de nada, por lo tanto en mi opinión, no debe representar a su país.
Segundo intocable. Los derechos humanos son intocables y su uso está contraindicado en asuntos electoralistas. De Galicia nos vamos a Catalunya. Allí el PP está jugando con fuego saltando sobre la hoguera de la inmigración. Están sembrando el campo electoral con semillas amargas envueltas en mentiras y verdades a medias que una vez regadas en su tiempo, producirán el helado fruto de la intolerancia y el racismo. Mentiras como las de su portavoz Rafael López con las que pretende, contra toda estadística, hacer ver a sus votantes que los inmigrantes abusan de la sanidad pública, son intolerables y su carga demagógica deja al descubierto hasta donde puede llegar la miseria de un partido por llegar al poder. Alicia Sánchez-Camacho jaleándolo y, como siempre, Mariano Rajoy dejándolo pasar, componen la escena de lo que en modo alguno se puede consentir en democracia. Un mal día. Menos mal que vinieron de visita mis sobrinas y, para endulzármelo, trajeron membrillo.